Porque sin las mujeres, los derechos no son humanos.
Querida madre, amiga, hermana, luchadora. Querida mujer Saharaui…
Tú que de pequeña me enseñaste el valor del respeto, desde pequeña con tus cuidadosas y débiles manos me guiaste me hiciste mujer, mujer como tú. Tu que desde pequeña fuiste mi mejor escuela, allí donde no suspendía ni aprobaba allí era mujer en cuerpo de niña. Mi deber era copiarte, y no perder de vista cualquier movimiento que hicieras, así reflejarme en cada una de esas arrugas de mujer joven que de pronto ya era una anciana. Me guiabas por el buen camino, el camino de la resistencia y de vez en cuando hacías un parón y volvías a demostrar que con tu fuerza no puede ni el mayor de los vientos en la más inhóspita de las hamadas.
Eres la jaima, los cuatros rincones de una habitación de adobe, eres la elegancia en su estado puro, eres la melhfa clara…
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