Como si fuera una obra de teatro circular, las esperanzas democráticas nacidas de las llamadas “Primaveras Árabes” han terminado en el mismo lugar en el que todo comenzó: Túnez. Fue la huida apresurada del dictador tunecino Ben Alí en 2011, atemorizado por una fuerte ola de protestas, la que inspiró a los activistas de la región entera a salir a las calles para exigir a sus gobernantes más libertad, democracia y justicia social. Y ha sido también este pequeño país magrebí el último en bajar el telón de su transición democrática con la aprobación a finales de julio de una nueva Constitución con tintes autocráticos apadrinada por su omnipotente presidente, Kais Said. Esta Carta Magna entierra la aprobada en 2014 por un Parlamento elegido en las urnas.
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