Cuando todos los ojos miran a Doha, el abanico por presunta corrupción en el Parlamento Europeo se abre y ya apunta también a Marruecos. Según el rotativo alemán Der Spiegel, el ex eurodiputado Antonio Panzeri, socialdemócrata italiano y uno de los cuatro imputados en la causa judicial, habría recibido sobornos tanto de Doha como de Rabat para blanquear la imagen de sendos países, que presuntamente buscaban influir en la toma de decisiones políticas de la UE. Panzeri, que lidera una ONG de Lucha contra la Impunidad, habría recibido los regalos desde el propio embajador marroquí en un país del Este. El código ético de la Eurocámara prohíbe recibir obsequios de más de 150 euros.
A Ana Gomes, ex eurodiputada portuguesa (S&D), que compartió comisión con el italiano durante la pasada legislatura no el escándalo no le ha pillado de sorpresa. «Vi a mucha gente sobre la que ya dudaba de si eran corruptos. Incluso Panzeri. Actuaban como agentes de Estados extranjeros. El caso de Panzeri era en particular con Marruecos, pero había más. Siempre me peleé con él por la cuestión de Marruecos. Hacía todo lo que los marroquíes querían.
Imagen de archivo de Antonio Panzeri. —HOANG DINH NAM/AFP
Eso sí, lo hacía de forma inteligente», detalla en conversación telefónica con este periódico. La lusa fue testigo directo de los viajes de lujo –que ella rechazó- promovidos por Rabat. Y advierte de que el coqueteo con la corrupción salpica a más países con controvertidos historiales de derechos humanos. Gomes denuncia cómo Mario David, antiguo eurodiputado popular de Portugal y ahora consejero del primer ministro húngaro Víktor Orbán, intentó frenar sus resoluciones que ponían a Arabia Saudí en la picota. «Mario David era un lobbista para otros Gobiernos», afirma tajante.
El Catargate abre ya una caja de Pandora que podría ser mucho mayor. «Este escándalo se enmarca en la opacidad y el secretismo en los que se envuelven las instituciones. Los medios apuntan a Catar, pero cada vez se oye más que Marruecos, Irán o Bahrein también podrían haber actuado de forma similar. Son muchos los puntos de encuentro entre la Unión Europea y estas dictaduras», aseguran fuentes de Unidas Podemos en el Parlamento Europeo a este periódico.
La cuestión del pueblo saharaui ha sido una de las grandes ausentes de la política europea en los últimos años. El PP y el PSOE español habrían torpedeado históricamente cualquier mención al Sáhara Occidental en los informes de la cámara sobre vecindad sur. Las mismas fuentes relatan que antes de la votación de este texto, los eurodiputados españoles -a excepción de una eurodiputada de Podemos- recibieron una carta de una constructora griega con negocios en Marruecos, en la que alertaban sobre una de las enmiendas registradas porque, según decían ponía «en riesgo la integridad territorial de Marruecos».