El Gobierno progresista, al servicio de Rabat

Casi 50 años han pasado desde entonces y en el Sahara todavía hay un problema. Marruecos ocupa la mayor parte del territorio y afianza su ocupación con una gran presencia militar. Por otro lado, el pueblo saharaui mantiene una resistencia impecable, superando todas las tormentas y turbulencias regionales que azotan el norte de áfrica y el Sahel, con un único objetivo, garantizar el cumplimiento de su derecho a la libre determinación e independencia. Además, constituyó, en el exilio, las bases de la República Saharaui, que hoy es estado de pleno derecho dentro de la organización continental, la Unión Africana. 

Sin embargo, en lugar de apoyar las demandas legítimas del pueblo saharaui, y afianzar la presencia de la República Saharaui, el Gobierno español abandonó a este pueblo traicionando así sus obligaciones históricas y legales. Bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, España aumentó, como nunca antes, su apoyo político, económico y militar a un Marruecos decidido a imponer su ocupación y visión expansionista. Esta traición del Gobierno español es aún más alarmante si se considera la ideología expansionista del régimen marroquí, que no sólo se limita al Sahara Occidental, sino que va mucho más allá para reclamar el suroeste de Argelia, Mauritania y las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. 

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El Gobierno progresista, al servicio de Rabat