En los compases iniciales de la invasión rusa a gran escala en Ucrania, el jefe del servicio de inteligencia militar de Putin urde una estrategia para herir a la OTAN a las puertas de Europa y desviar el foco de la guerra. La artimaña pasa por agitar el avispero del Magreb con el envío de cincuenta millones de dólares en armas al Frente Polisario usando los servicios de un traficante iraquí. Es la operación ficticia que ha ideado el ex embajador español y director del CNI Jorge Dezcallar con los ecos directos de la guerra en suelo europeo y el cambio de posición español en el conflicto del Sáhara Occidental.
