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MIDE SUS PALABRAS CON MARRUECOS Y CON ISRAEL
Si Yolanda Díaz calificó recientemente a Marruecos de «dictadura», Santos rechaza utilizar esta palabra -califica al país vecino como «un régimen de cosoberanía» entre el rey y el pueblo- y pone por delante que Rabat «es un socio estratégico» con el que «tenemos que desarrollar un espacio de coprosperidad».
Santos cree que un gobierno de izquierda en España debe «acompañar los espacios de modernización y de ampliación del espacio democrático en Maruecos», y aunque no niega las violaciones a los derechos humanos en el país, los considera «casos individuales».
Tampoco cree que sea correcto esperar de Marruecos alguna especie de contrapartida por el viraje español en la cuestión del Sáhara, un viraje que según Santos no es tal porque sigue poniéndose a la ONU en el centro de cualquier eventual solución.
Llama la atención que en la postura oficial de Sumar se reclama hasta en dos ocasiones el regreso al alto el fuego, una petición dirigida al Frente Polisario, mientras que no hay ninguna petición para Marruecos para desatascar un conflicto totalmente bloqueado desde hace años.
Sumar se ha manifestado a favor de la «autodeterminación» del pueblo saharaui, sin mencionar la idea del referéndum, y de hecho Santos deja entrever que no es realista pensar en un referéndum cuando el censo de posibles votantes (el de 1974) ya no guarda casi relación con la realidad demográfica actual.
Y en cuanto al conflicto israelí-palestino, Santos también es reacio a calificar de «apartheid» el régimen que Israel impone sobre los palestinos -como han dicho Amnistía Internacional o Human Rights Watch-, pero sí reconoce que hay un riesgo claro de que se aplique «un estatus jurídico distinto» para israelíes y palestinos.
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