Espectadores del infierno – MANUEL BEAR

Los espectadores de la guerra, conflicto, diferendo,  ¿cómo llamarlo?, palestino-israelí situados a  este lado occidental de la galaxia mediática estamos sometidos a una disonancia cognitiva entre la letra y la imagen. Abrimos una página cualquiera de un periódico cualquiera. El texto de la información está presidido e impregnado por la firmísima condena del terrorismo palestino y el derecho de Israel a su propia defensa; los más avezados de entre los informantes nos descubren en el accionar palestino la mano negra de Irán o de Rusia, incluso de China, y si el lector se interna en ciertos vericuetos de este paisaje discursivo podrá llegar a creer que doña Yolanda Díaz es la inspiradora de Hamas y sus crímenes. Hasta aquí el texto, pero si la mirada del espectador se desplaza a la imagen que ilustra la crónica o la columna de opinión se encontrará indefectiblemente con un mensaje contradictorio. Todo el material gráfico disponible corresponde a escenas de devastación en las poblaciones palestinas: edificios en ruinas, caravanas de civiles expulsados de sus casas con rumbo a no se sabe dónde, niños ensangrentados en brazos de sus padres, jóvenes iracundos que portan el féretro de un compañero, abuelas rodeadas de su llorosa prole cuyos padres han muerto en un bombardeo, etcétera. Los israelíes que aparecen en estas imágenes representan siempre la fuerza: soldados armados como robocops, que vigilan el desastre con una mirada neutra y profesional.

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Espectadores del infierno – MANUEL BEAR