FiSahara, el festival incómodo

El pasado fin de semana, FiSahara (Festival Internacional de Cine del Sáhara) ha celebrado su vigésimo aniversario y lo ha hecho trayendo a la capital una edición especial –la tercera que organiza en Madrid-. FiSahara ha vuelto a demostrar por qué es mucho que un festival de cine, convirtiéndose durante tres días en epicentro de las denuncias saharauis que no sólo sacan los colores a España, sino a la Comunidad Internacional, extendiéndose su mirada al genocidio que Israel comete en Gaza.

FiSahara Madrid ha sido tan intenso como emocionante. Durante tres días, esta cita con el cine y los derechos humanos ha reunido a cuatro de las activistas saharauis más bravas, como Aminetu Haidar, Sultana Jaya, ElGhalia Djimi y Mina Baali, éstas dos últimas llegadas del Sáhara Occidental ocupado gracias a las gestiones de la ONG NomadsHRC.

Tres sillas vacías les acompañaban el día que el festival les rendía homenaje, representando a sus tres compañeras Salha Boutanguiza, Luara Jaya y Mahfouda Lefkir que no han podido viajar hasta Madrid porque el Gobierno de España no les ha facilitado el visado. FiSahara ha servido para mostrar del modo más descarnado la complicidad de nuestro gobierno con Marruecos la fuerza ocupante del Sáhara. Escuchar de boca de las activistas las trabas que ponen los consulados españoles en Marruecos para poder acceder a un visado tan sólo es la punta del iceberg. Haidar reveló cómo tras años de disfrutar de la residencia española, el Gobierno se la acaba de retirar. Según denunció en los coloquios de FiSahara la ganadora del Right Livelihood Award (Nobel de la Paz alternativo), España ha pasado de “querer comprarme, hasta ofreciéndome una casa”, ha negarle el derecho de residir en el país.

FiSahara, el festival incómodo