ESTACIONES DE PASO (Ebbaba Hameida)

<Nacer en un campo de refugiados saharauis ha marcado mi vida, pero no lo suficiente como para poder comprender todas las dimensiones de este conflicto, un conflicto que ha decidido muchas cosas por mi y por mi familia. A todas mis preguntas, la respuesta siempre ha sido la misma: eres saharaui.

Un pueblo que lleva casi 50 años viviendo en un territorio prestado, desde 1975. Gente que sobrevive gracias a la ayuda humanitaria. En verano la temperatura en los campos de población refugiada supera los 50 grados: la gente vive en jaimas, en casas de adobe y zinc y sin agua potable.

Tengo grabadas en la mente las noches de silencio en el desierto, tumbada al lado de mi abuela, escuchando sus relatos. Me hablaba de cómo llegaron a ese inhóspito lugar: primero las mujeres solas, los hombres estaban en el frente de batalla. Ellas cavaron los primeros pozos de agua y sus melfas sirvieron de jaimas, hasta que levantaron las primeras construcciones de adobe. Siempre me recuerda con una sonrisa heroica que la escuela donde estudié lleva su huella.

Mis abuelos eran nómadas en el Sahara Occidental, cuando era un protectorado español. Después, se vieron forzados al exilio cuando, en 1975, Marruecos aprovechó la agonía de Franco y su dictadura, invadió el territorio y España capituló abandonando a su suerte a la que era su provincia 53. Entregó el Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania mediante los acuerdos tripartitos de Madrid, jamás reconocidos por la comunidad internacional y ni siquiera publicados en el Boletín Oficial del Estado. Entonces, el Frente Polisario emprendió una guerra contra estos dos vecinos. Mauritania se rindió a finales de la década de los 70 y reconoció la República Saharaui, mientras que Marruecos, gracias a la intervención de la comunidad internacional se avino a firmar en 1991 el alto el fuego.

Mi abuelo, cuando pudo volver a ser libre en el desierto, relataba que vivir en el exilio suponía estar atado y atrapado y volvió a la vida nómada; ellos son auténticos hijos de las nubes: viven de su ganado y exploran el desierto en busca de pasto y agua. Sin embargo, mi madre y sus hermanas se quedaron en los campamentos de refugiados por nuestro futuro, el de sus hijos e hijas. Porque, pese a las adversidades que hay en ese inhóspito refugio, la educación allí es universal, se puede estudiar toda la formación primaria y a partir de la secundaria hay becas para continuar la formación en Argelia o Cuba. También hay posibilidades de ir a España o Italia. Pero, ¿Qué pasa cuando los saharauis de los campamentos terminan sus estudios? Se ven obligados a volver al exilio, donde les espera la inmensa nada.

Mi padre era maestro en Villa Cisneros (Dajla), en el sur del Sahara, hasta que en 1975 las bombas de napalm y fósforo blanco obligaron a huir desierto adentro. Se exilió solo dejando atrás a toda su familia. Esa es una parte de la familia que yo no he conocido jamás. Después de 40 años, gracias a unos viajes auspiciados por la ONU, mi padre pudo cruzar el muro para sentir y abrazar a sus hermanas y hermanos, pero solo durante 5 días. Nunca más.

El Consejo de Seguridad mantiene que debe encontrarse «una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable que prevea la libre determinación del pueblo del Sahara Occidental». El problema es que no hay avances en la búsqueda de esa solución: Marruecos, desde la coronación de Mohamed VI, se niega a la celebración de un referéndum de independencia y únicamente ofrece una autonomía dentro de Marruecos, mientras que el Frente Polisario exige que cualquier solución pase por una consulta popular donde los y las saharauis, decidan entre la autodeterminación u otra opción conforme a las normas de descolonización de Naciones Unidas. Es importante recordar, que antes de la Marcha Verde con la que Hassan II invadió el Sahara Occidental, el régimen de Franco, presionado por la ONU, ya trabajaba en la celebración de la consulta; de hecho, una de sus últimas tareas antes de abandonar el territorio a su suerte fue la realización de un censo que aún hoy los saharauis siguen usando como referencia.

¿Cómo se desbloquea un conflicto paralizado en el tiempo? ¿Qué será de todos estos jóvenes que ya no ven alternativa a la guerra? ¿Alguien se va a rendir? ¿Qué les puedo contar a mis hermanos, cómo les puedo convencer de que su voz se escuchará más allá del desierto y de que su futuro no es un espejismo? ¿Alguien responderá de una vez mis preguntas o seguirá pesando el silencio?>>

Hoy, a 21 de enero de 2024, sigue pesando ese silencio y sigue pesando la mirada hacia otro lado de la comunidad internacional. Este extracto sacado de «El peso del silencio» de la Revista 5W, continúa hoy más vivo que nunca y todas estas dudas y preguntas de la autora, siguen en el aire sin mas respuesta que «son saharauis»

ESTACIONES DE PASO (Ebbaba Hameida)