Hace unos años, un venerable poeta saharaui, mientras arreglaba aparatos eléctricos en su jaima de la wilaya Smara, me contó que en los primeros tiempos de la revolución, cuando el éxodo y la guerra se hicieron inevitables, él recorría el desierto, visitando a las familias saharauis reunidas en firgam. Viajaba armado con sus versos. Versos de ardor combativo, que recitaba, con el objetivo de mantener firme el espíritu de resistencia de una población, que había quedado a la intemperie de la historia, y sólo de su lucha dependía el recuperar el lugar, que en ella les corresponde. “Muchos de mis compatriotas lloraban al escuchar mis versos”, terminó Bachir Ali Abderrahaman su relato, después de recitar para mí un poema militante.
Unos años más tarde, un joven poeta saharaui, que escribe en hassania, Mohamed Ali Mahamad, además de regalarme el recitado de un poema, que también grabé, me contó en su jaima de la wilaya Ausserd cómo, aprovechando los recursos tecnológicos, organizaban recitales poéticos, con música y baile, que transmitían a través de la TV del Sahara a los Territorios Ocupados, con el fin, igualmente, de mantener los ánimos de los jóvenes bien dispuestos para resistir el estado de terror al que les somete el invasor y ocupante reino de Marruecos.
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POESÍA REVOLUCIONARIA
