EL VIENTO, EL SIROCO – BUBISHER

El aire se oscureció y se llenó de un lento presagio. Assim y su hija Dalia miraron hacia el horizonte. Allí, en la línea entre cielo y tierra, comenzó a levantarse. Al principio era solo una borrosidad amarilla. Después, rápida, inexorable, se formó la pared de arena. La vieron venir, como una ola gigantesca que todo lo cubría. Assam se quitó el turbante y protegió con él el rostro de la pequeña Dalia. Con el otro extremo, se tapó el suyo. Era suficientemente largo para poder cubrir a ambos, siempre y cuando Assim se encorvara un poco. De todas formas, se les llenaron las pestañas y la boca de arena. La mano libre del padre tomó la de su hija. Caminaron cegados por la confusión del polvo.

El aire tiraba de ellos hacia atrás. Assim habló a su hija, pero las palabras se las llevó el viento. Dalia vio cómo se hinchaban y se perdían en medio del aire y de la arena. Pájaros torpes, maltratados por la tormenta del desierto. Ni siquiera permanecían sus huellas. Sintió un dolor sin nombre. ¿A dónde se iban esas palabras? Parecía que nada quedara sino la brasa violenta del siroco, parecía que el cielo quisiera enterralos. A ellos y a sus palabras. Entonces Assim levantó la mano y señaló al frente.

EL VIENTO, EL SIROCO
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