Yemen: el frente olvidado – Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Especial para LA POLIS. Desde Buenos Aires.

En los medios masivos de comunicación, nos hablan de los hutíes, que gobiernan el norte de Yemen, que están llevando a cabo ataques a Israel, en apoyo las acciones armadas de los distintos grupos palestinos que operan tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania.  Dicho país árabe vive hace años un conflicto que lo dividió en varios gobiernos rivales, en el marco de una compleja pugna geopolítica, entre Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán.  

Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Especial para LA POLIS. Desde Buenos Aires.

Yemen durante décadas fue un país dividido, el norte estuvo en manos de un régimen sin partidos políticos, donde el veterano presidente Saleh ejerció el poder por largos años y el sur, durante más de un siglo estuvo bajo la órbita colonial británica, se transformó en un estado socialista pro soviético. Los cambios derivados del fin de la Guerra Fría, terminó con esta situación y los dos estados – en algún momento rivales –  se unificaron. Así dentro del nuevo estado, quedaron unidos dos realidades distintas, con graves problemas de subdesarrollo y un poderoso vecino, Arabia Saudita, que le preocupa tener en sus fronteras un país con casi treinta millones de habitantes, republicano y con una importante minoría chií, de la rama zaidí, agregándose la existencia de petróleo en zonas disputadas entre ambos Estados y la creciente influencia iraní en una zona de alto valor estratégica por la presencia del estrecho del Bab el Mandeb, verdadero cuello de botella que conecta el Mar Rojo con el Océano Índico, vital para el comercio marítimo global, especialmente para los petroleros.

La crisis sobrevino por el desgaste del presidente Saleh, luego de décadas en el poder, los conflictos tribales entre el norte y el sur, y un contexto político explosivo en general.  En el marco de esta crisis – con choques armados y la presencia de la poderosa al Qaeda – Naciones Unidas negoció un régimen de transición de dos años, para garantizar una salida ordenada del presidente Ali Abdalá Saleh en noviembre de 2011, su reemplazo por un líder provisional, el vicepresidente Abd Mansur al Hadi en febrero de 2012, y una Conferencia de Diálogo Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) concebida para guiar la reforma constitucional antes de las nuevas elecciones al cabo de dos años. Lo que en apariencia era una solución, resultó el “talón de Aquiles” del proceso político yemenita. Los ganadores en principio eran el nuevo presidente Hadi y su círculo cercano, además de algunas otras personalidades.  Ello fue muy mal visto por sectores juveniles, el influyente movimiento hutí – en verdad se denominan Seguidores de Dios o Ansar Allah – que veían el acuerdo como el triunfo de las elites tradicionales, y el movimiento al Hirak, que reivindica la independencia, que consideró los acuerdos como una maniobra de las elites del norte para perjudicar al sur.  En este panorama complicado, el ex presidente Saleh pactó con sus antiguos enemigos, los Huties, para mantenerse vivo políticamente y quien sabe, pretender volver al poder, además de saldar cuentas con sus enemigos políticos.

Los hutíes irrumpen en la política yemenita

El movimiento Ansar Allah, es conocido como “hutíes” deriva del liderazgo de un poderoso clan del norte, que pertenecen a la rama zaidí del islam, Hussein al Houthi, su asesinado en 2004 en manos del ejército, derivó un alzamiento generalizado, bajo el liderazgo de su hermano Abdul-Malik al-Houthi, participando en la Revolución de 2011.  El lema del movimiento pone en evidencia su postura netamente antioccidental: “Dios es el Más Grande, Muerte a América, Muerte a Israel, Maldición para los Judíos, Victoria del Islam».

Abdul Malik al Houthi. Máximo líder del movimiento de los «hutíes» o Ansar Allah

El caos generado por la competencia de quien controlaba un Estado empobrecido, perjudicó aún más la gente, que veía como la corrupción carcomía la endeble economía del país.  En 2014 la NDC terminó, sin llegar a ningún lado, abriendo las puertas al conflicto armado.  Luego de duros combates, los milicianos huzíes o hutíes, tomaron la capital Saná, con ayuda de un sector de las fuerzas armadas regulares. Ese mismo año los hutíes impusieron un acuerdo, que nadie cumplió. Los combates siguieron alegando que el avance de al Qaeda amenazaba al país. Los intentos de establecer una constitución federalista por parte de Hadi y de conservar como sea el poder, no resultaron y los hutíes formaron un consejo revolucionario, hoy denominado el Consejo Político Supremo que ejerce el control del norte del país.  Hadi retiró la renuncia a la presidencia y desde el sur, en Adén, con apoyo saudita pasó a la ofensiva.

La llegada del rey Salman en 2015 al trono saudita y muy especialmente su joven y ambicioso hijo Mohamed bin Salman, príncipe heredero y ministro de defensa, lideró una coalición de seis países árabes (todos sunitas) contra los hutíes, temeroso que Yemen se convirtiera en un bastión pro iraní. Washington hizo la vista gorda.  El bloqueo naval y los ataques aéreos, a pesar que generaron contratiempos a los rebeldes del norte, desencadenaron un drama humanitario, con millares de víctimas.  Naciones Unidas estimó de una población de 30 millones, 18 millones de yemenitas padecían inseguridad alimentaria.  La Operación Tormenta Decisiva que tuvo la participación directa de Arabia Saudita, Marruecos, Jordania, Egipto, Kuwait, Emiratos Árabes, Sudán, lanzada a pedido por el presidente Hadi, con ataques a Saná, Adén, Taif, Al Hudayda y otros objetivos de las gobernaciones de Saada y Al Bayda, no lograron los efectos deseados. El carismático Malik al Houthi, movilizó a los yemeníes, logrando aglutinar unos cien mil efectivos.

La alianza entre el ex presidente Saleh y los hutíes se vino abajo en 2017, cuando estos últimos asaltaron la residencia del ex mandatario yemenita y lo asesinaron, bajo la acusación de traición. En 2021, Estados Unidos declaró al movimiento hutí como organización terrorista, lo que alimentó la narrativa antioccidental, especialmente contra Washington e Israel, acercando posiciones aún más con Teherán, no por razones religiosas – donde hay diferencias teológicas irreconciliables – sino por una cuestión estratégica.  En muchos medios nos muestran a simples milicianos en sandalias con AK 47 como la fuerza armada de los hutíes, cuando en verdad, el gobierno que ellos controlan en Saná, cuentan con lo mejor de las fuerzas armadas yemenitas que optaron por mantenerse contrarios al régimen de Adén, reforzadas por el apoyo militar iraní.  Esto permitió lanzar ataques con drones y misiles balísticos contra instalaciones industriales y petroleras en Arabia Saudita en 2022, coincidió con el llamado del príncipe bin Salman a iniciar una ronda de negociaciones y el cese del fuego.  

En el plano interno, los hutíes, muchas veces considerados una facción del islam zaidí, en verdad es un movimiento social con una base mucho más amplia, gracias al clientelismo, extendiéndose a diversos sectores de la sociedad y tribus sunnitas (rama del islam mayoritaria en Yemen) a través de una retórica nacionalista, populista, profundamente antioccidental y anti saudita (por razones religiosa de rechazo al wahabismo).  La movilización derivada de involucrarse en la guerra en Gaza, alimenta la narrativa de cara al frente interno y de alguna manera gracias a un conflicto externo, permite cohesionar la sociedad yemenita en torno al régimen de Saná. El gobierno lo ejercen por medio del Consejo Político Supremo, formado por una serie de personalidades bajo el liderazgo de Abdul-Malik al-Houthi, que no tiene cargo formal. Es un personaje que rara vez se lo ve en público.   El citado Consejo es una entidad designa al jefe de estado, primer ministro y gabinete.  Autoridades que no son reconocidas internacionalmente, solo Irán mantiene un embajador.

Un helicóptero de las fuerzas armadas controladas por el gobierno hutí sobrevuela el carguero Galaxy Leader en el Mar Rojo

El régimen de los hutíes, dista de ser democrático, las persecuciones contra minorías religiosas (los últimos judíos en Yemen se vieron obligados a huir además de las persecuciones contra la fe Baha´i), pérdida de derechos para la mujer (de por sí escasos antes de la caída de Saleh) y la ausencia de actividad política que no sea la del movimiento.

Los Emiratos Árabes Unidos o EAU, preocupados por la influencia iraní, lideró una operación militar que resultó un fiasco. La guerra terminó en punto muerto y un precario alto el fuego. Las diferencias entre los rivales de los hutíes, derivó en la formación de tres gobiernos rivales, consecuencia de las diferencias entre Riad y Abu Dabi. El partido Al Islah del presidente Hadi, es una rama de los poderosos Hermanos Musulmanes. Integristas y antimonárquicos, a pesar de verlo como mal menor el rey saudi, Salman, el gobierno de EAU no lo ven igual. En la importante batalla de Taíz, las tropas de este país, permanecieron ajenas a los combates librados por sauditas y el ejército leal a Hadi.  Los hutíes se mantuvieron a la defensiva por un importante tiempo, luego de fracasar en la toma de Adén.  En 2018, el presidente Hadi fue expulsado de Adén, provocando la fractura del sur, creándose el Consejo de Transición del Sur vinculado a los intereses de Abu Dabi, que tiene intereses concretos sobre Yemen, como muestra la ocupación de la isla yemenita de Socotora de valor estratégico por su ubicación.  Mientras tanto el gobierno yemenita reconocido internacionalmente, el Consejo de Liderazgo Presidencial, con sede en Riad. Despectivamente la población del sur de Yemen habla del “gobierno de los hoteles”.

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