
La otan tendrá que lidiar con España, siempre ha pagado muy poco, ha dictaminado el emperador de la Casa Blanca en respuesta a la negativa española a privarse de servicios públicos, como educación y sanidad, para comprar armas a la industria militar que elevó al emperador a la poltrona. Imaginamos que el verbo lidiar, que aparece en la sentencia, es una licencia del traductor porque, dicho literalmente, ya sabemos cómo termina la lidia. Ya solo faltaba que nos atacara la otan por morosos, como si fuera el cobrador del frac.
Esta ocurrencia de pagar una cuota por pertenecer a una coalición guerrera es una novedad absoluta, propia de este tiempo de capitalismo de redes. Antes se iba a la guerra por intereses, por ideales, por compromisos políticos, por el deseo del jefe, por necesidad también, ay, y el coste en sangre y en dinero se daba por supuesto; ahora te suscribes a una guerra como a una plataforma digital y de la cuota de suscripción depende los servicios que recibes. Una suscripción premium en la otan significa que tienes derecho a luchar con armamento nuclear, y pobre del que se te ponga enfrente. La suscripción estándar, sin embargo, no es recomendable porque si se pierde la guerra te echan la culpa y el seguro no se hace cargo, y si se gana, no te da derecho a lucir palmito en el desfile de la victoria, que tanto gusta a los dictadorzuelos, incluido el emperador de la Casa Blanca, que no distingue una parada militar del desfile de macy’s el día de acción de gracias.
Lo que ignora este ignorante oceánico de color naranja es que los españoles ingresamos en la otan en mayo de 1982 por un chantaje internacional patrocinado precisamente por la Casa Blanca. El dilema que se le planteó en aquel momento a la titubeante democracia española puede resumirse así: o entras en la otan o permaneces aislada, como durante el franquismo, incluido el rechazo al ingreso en la unioneuropea. Esta coacción le costó al pesoe de don Felipe González un renuncio histórico, un referéndum agónico y, probablemente, el germen de la corrupción que anida en sus filas porque el coste de la consulta fue un agujero monumental en las arcas del partido que de alguna manera había que rellenar. Entonces, España no tenía buenas cartas, como diría el propietario de casinos que gobierna occidente. Ahora tampoco tiene una mano ganadora, pero siempre podría levantarse de la mesa. Ejem.
Para decirlo todo, el ingreso en la otan tuvo un efecto benéfico en uno de los demonios domésticos del país. Ofreció al ejército una salida profesional más prometedora y satisfactoria, que les permitió olvidarse de su tradicional misión de dar pronunciamientos y golpes de estado si la situación política no le gusta; este olvido opera ahora al menos mientras los oficiales están en activo porque apenas ingresan en la reserva y pasan el tiempo en sus clubes, tertulias y misas conmemorativas unos cuantos no pierden ocasión de dar la nota que más les gusta desde el siglo XIX, cuando se abolió la monarquía absoluta.
Por lo demás, la pertenencia a la otan tuvo dos singularidades geoestratégicas, como se dice ahora, que vale la pena recordar. La primera es que España ya estaba en el perímetro militar de la defensa de occidente desde 1953, cuando Washington firmó un acuerdo con el dictador Franco para el establecimiento de bases áreas y navales norteamericanas en suelo nacional; acuerdo bilateral que se ratificó en 1988 y no solo está vigente sino que se ha ratificado de nuevo durante el mandato de don Sánchez con una ampliación de la base de Rota. Estas bases han servido a los intereses de Washington en asuntos ajenos a la seguridad nacional española y esta estrecha colaboración con las barras y estrellas ha llevado a España a ser el segundo país del mundo objeto de un bombardeo nuclear, si bien accidental, en 1966. Las bombas no estallaron porque, en caso contrario, la provincia de Almería hubiera desaparecido del mapa; no obstante, aún se están recogiendo tierras contaminadas de radiactividad.
La otra singularidad de la pertenencia española a la otan es que las ciudades de Ceuta y Melilla no están bajo el paraguas de seguridad de la alianza. Hay una razón para que sea así: Marruecos es aliado privilegiado de Washington y los roces -por ahora, solo roces- territoriales de los dos reinos a ambas orillas del estrecho de Gibraltar son considerados asuntos internos. El entonces secretario de estado, el feroz Donald Rumsfeld, se cabreó como una mona cuando se vio obligado a mediar entre don Aznar y el rey Mohamed VI en el ridículo conflicto nacionalista de la isla de Perejil en 2002. Cuando más tarde, en 2021, Marruecos provocó una invasión migratoria en Ceuta habíamos aprendido la lección.
¡Rusia es culpable! El famoso grito de guerra del ministro cuñadísimo don Serrano Súñer proclamado en 1941 desde el balcón de la sede de la falange en la madrileña calle de Alcalá se repite ahora en los despachos y pasillos de la otan para forzar a los países miembros a elevar el gasto militar hasta un disparatado 5% del peibé. Es un grito que encuentra poco eco en la sociedad española. Por más siniestros que nos parezcan don Putin y sus ancestros hasta Stalin e Iván el Terrible, Rusia despierta una extraña sentimentalidad por estos lares. En la segunda guerra mundial hubo españoles en los dos bandos: divisionarios falangistas en las filas de los alemanes y militares republicanos en el ejército rojo. Si hay un lugar en el planeta donde rojos y azules pueden llorar en el hombro del otro y reconocerse como hermanos es la estepa rusa. Una película del cineasta Carlos Iglesias (Ispansi, 2011) lo pone de relieve.
El nuevo desafío otánico coincide con el último episodio de corrupción socialista. Don Sánchez, fiel a su estilo, ha encontrado una causa para sortear el asedio, lo que no quiere decir que la causa no sea justa. ¿Qué haría un gobierno de la coalición reaccionaria ante el imperioso matonismo de míster Trump en esta circunstancia? El nacionalismo español necesita para afirmarse de una fuerza exógena que resuelva sus propias inseguridades. La otan cumple ahora esta función. Don Sánchez está tocado y quién sabe si una inesperada asociación entre míster Trump y el trío de la bencina (don Ábalos, don Cerdán y don Koldo) no acabará por derribar al macho alfa de la berrea que padecemos.
Fuente: https://www.manuelbear.es/2025/06/21/guerrear-de-gorra/
