Piratas del Caribe – MANUEL BEAR

¿Qué ocurrió ayer en Venezuela? Las hipótesis están abiertas y las especulaciones dan vueltas en el bombo donde nos jugamos el destino. En último extremo bien pudo ser el inicio de la tercera guerra mundial, que todo el mundo sospecha que está al llegar. De momento, si queremos abrirnos paso en la niebla, habremos de superar el susto, primero, y el estupor, después, para ceñirnos a algunas evidencias parciales que no necesariamente contienen claves resolutivas, digan lo que digan los promotores del evento de ayer al que han puesto el pomposo nombre de resolución absoluta. Ya veremos. De momento, hay dos aspectos de lo sucedido ayer muy intrigantes.

El primero, la extrema facilidad con que una fuerza extranjera puede secuestrar al engallado presidente de una república de veintiséis y pico millones de habitantes que alberga las mayores reservas de combustibles fósiles del mundo, y transformarlo en un santiamén en un delincuente menor, debidamente esposado y a disposición de un juez ignoto. El asalto a Caracas fue muy aparatoso pero no más que los focos de un land rover a los ojos de una liebre hipnotizada en medio del camino. Lo que nos dice que el mundo está formado por cuadrículas de terreno que son estados fallidos al albur de potenciales agresiones imperiales, a pesar de sus banderas, su retórica nacionalista y su penoso narcisismo.

La pasividad de la defensa venezolana demuestra dos rasgos no necesariamente incompatibles: la impotencia y la complicidad de la sociedad receptora del ataque. Para no irnos muy lejos en el espacio y en el tiempo, los europeos deberíamos pensar en lo que le ocurrió a Francia en 1940; entonces, Francia era el patio trasero de Alemania. En este modelo de intervención blitzkrieg se necesita que la sociedad del país asaltado esté dividida y desmoralizada, a la vez que ensimismada, como en efecto ocurría en Francia entonces y ocurre ahora en Venezuela, lo que nos lleva al otro aspecto bizarro de la cuestión.

El efecto del ataque es la abolición de la soberanía del país atacado; esto no va de modelo político ni de democracia o dictadura. Básicamente, Venezuela seguirá siendo un régimen autoritario y una sociedad desequilibrada con los nuevos amos, que ya han expresado su voluntad y sus objetivos: el petróleo, que será administrado por las empresas energéticas de la potencia asaltante.

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