EE. UU., África y el Sáhara Occidental: lectura crítica de la doctrina “América Primero” – Al Mayadeen Español

La doctrina América Primero, aplicada por la administración estadounidense durante el segundo mandato de Donald Trump, no solo reconfiguró las relaciones de Washington con África, sino que expuso de forma descarnada los mecanismos de coerción, subordinación y expolio que estructuran la política occidental hacia el Sur Global. El análisis publicado por Al Mayadeen permite comprender esta estrategia no como una anomalía coyuntural, sino como la manifestación sin eufemismos de una lógica imperial que tiene también en el Sáhara Occidental uno de sus laboratorios más persistentes.

El texto parte de una constatación fundamental: Estados Unidos abandonó incluso la retórica del desarrollo y la promoción democrática para imponer un enfoque estrictamente transaccional, basado en la reciprocidad forzada, la presión económica y el alineamiento geopolítico. En África, esta estrategia se tradujo en aranceles punitivos, recortes de ayuda, condicionalidades políticas y una utilización abierta de la vulnerabilidad estructural de muchos Estados como instrumento de disciplinamiento. No se trató de errores de gestión, sino de una política consciente orientada a asegurar obediencia y control.

Este giro resulta especialmente revelador cuando se observa su impacto en países que intentan preservar márgenes de soberanía o adoptar posiciones autónomas en el escenario internacional. Sudáfrica es presentada como un caso paradigmático: sancionada política y diplomáticamente por su pertenencia a los BRICS, por su política de tierras y, sobre todo, por haber llevado a Israel ante la Corte Internacional de Justicia. La respuesta de Washington —expulsión de diplomáticos, suspensión de ayudas y boicot político— muestra hasta qué punto el respeto al derecho internacional se convierte en un obstáculo cuando entra en conflicto con los intereses de sus aliados estratégicos.

Es en este punto donde la conexión con el Sáhara Occidental se vuelve evidente. Marruecos ocupa en África un lugar singular dentro de esta arquitectura de poder: es uno de los principales beneficiarios del enfoque transaccional estadounidense. A cambio de alineamiento estratégico —normalización con Israel, cooperación militar, control migratorio y apertura económica— Rabat obtiene respaldo político, silencio cómplice o ambigüedad calculada respecto a su ocupación ilegal del Sáhara Occidental. La doctrina América Primero no crea esta situación, pero la consolida al vaciar de contenido los principios que formalmente sustentan el sistema internacional.

El análisis de Al Mayadeen sobre la ayuda condicionada y su uso como herramienta de presión resulta particularmente pertinente para el caso saharaui. En África, la retirada de financiación sanitaria o alimentaria se emplea como castigo político; en el Sáhara Occidental, la ayuda humanitaria a los campamentos de refugiados sigue siendo crónicamente insuficiente, mientras se tolera y normaliza el expolio de los recursos naturales del territorio ocupado. En ambos casos, la asistencia no responde a derechos, sino a cálculos geopolíticos.

El componente militar de la estrategia estadounidense refuerza esta lectura. Las operaciones de AFRICOM, la reducción de transparencia sobre víctimas civiles y la instrumentalización de la lucha antiterrorista revelan una concepción securitaria donde la estabilidad se define en función de intereses externos. Marruecos encaja perfectamente en este esquema: presentado como “socio fiable” y “factor de estabilidad”, recibe apoyo militar y político mientras mantiene una ocupación respaldada por la represión sistemática de la población saharaui y la violación continuada del derecho internacional humanitario.

Especial relevancia adquiere el concepto de “eje de la impunidad” desarrollado en el artículo, que articula a Estados Unidos, Israel y Emiratos Árabes Unidos en torno al expolio de recursos y la proyección de poder militar. Esta lógica es plenamente aplicable al Sáhara Occidental, donde empresas extranjeras, acuerdos comerciales ilegales y proyectos energéticos o extractivos se desarrollan con la cobertura diplomática de las mismas potencias que proclaman su compromiso con la legalidad internacional. Marruecos actúa aquí como intermediario regional de un sistema que convierte territorios ocupados en plataformas de negocio y control estratégico.

Finalmente, Al Mayadeen introduce un elemento clave: el efecto bumerán de la doctrina América Primero. La presión económica, la diplomacia coercitiva y el desprecio por el multilateralismo no han fortalecido la hegemonía estadounidense en África, sino que han acelerado la búsqueda de alternativas. El acercamiento de numerosos países africanos a los BRICS, la creación de alianzas regionales soberanas y el reforzamiento de marcos multilaterales sin Washington apuntan a un reordenamiento profundo del continente.

Para el Sáhara Occidental, esta dinámica abre una grieta significativa. La erosión del consenso occidental y el avance de un mundo más multipolar devuelven centralidad al derecho internacional como terreno de disputa. En ese contexto, la ocupación marroquí aparece cada vez menos como un “conflicto regional” y más como lo que siempre ha sido: un caso de descolonización pendiente sostenido por equilibrios geopolíticos que empiezan a resquebrajarse.

La lectura que propone Al Mayadeen no es neutral, pero sí coherente: África —y con ella el Sáhara Occidental— deja de ser un objeto pasivo de la política internacional para convertirse en un espacio donde se confrontan modelos de orden global. La doctrina América Primero, lejos de imponer estabilidad, ha contribuido a desnudar las contradicciones de un sistema que ya no logra ocultar su crisis de legitimidad.

Fuente: EE. UU.: La doctrina América Primero y su impacto en África