Un estudio de la Universidad de Cambridge concluye que los alumnos palestinos han perdido cinco años lectivos debido a la covid-19 y la guerra y que se necesita una ayuda internacional urgente y contundente para reconstruir las estructuras educativas
Niños y niñas palestinos desplazados, en una escuela de la ONU en el sur de Gaza, el 4 de enero de 2026.HAITHAM IMAD (EFE)
La señal wifi se cortó de repente, cuando Leilian Hussein Hammad, de 19 años, estaba en medio de un examen de la universidad, en un café del centro de Gaza. “Intenté mantener la calma, pero solo pude retomar la prueba dos horas después. Afortunadamente, aún estaba dentro del plazo que nos dieron”, explica a este periódico en una entrevista realizada por WhatsApp. “Me estresan mucho más los problemas de conexión a internet o el miedo a que pueda haber un bombardeo cerca, pese al alto el fuego en vigor, que las preguntas del examen”. Esta joven, que cursa primer año de Derecho, tenía que haber empezado la universidad en octubre de 2023, pero ha pasado dos años sin ir a clase, tiempo en el que se ha visto obligada a desplazarse unas 10 veces con su familia, oriunda del norte de la Franja. “Ahora tengo mucho retraso y eso me frustra mucho”, dice desde la localidad de Deir el Balah, donde sus padres han logrado alquilar un pequeño apartamento “sin puertas ni ventanas en el que es muy complicado encontrar un lugar para concentrarse y estudiar”.
De Hammad y de muchos otros estudiantes en una situación similar habla una investigación internacional dirigida por la Universidad de Cambridge y publicada esta semana, en la que se alerta del grave riesgo de que surja una “generación perdida” en Gaza tras dos años de bombardeos que han pulverizado escuelas y universidades, han provocado cientos de muertos entre estudiantes y docentes y han causado un impacto psicológico en la juventud aún difícil de calibrar.
Me estresan mucho más los problemas de conexión a internet o el miedo a que pueda haber un bombardeo cerca, pese al alto el fuego en vigor, que las preguntas del examenLeilian Hussein Hammad, estudiante palestina
“No hay día en que no me sienta dividida. Una parte de mí mira a mi alrededor y tiene ganas de dejarlo todo; otra parte me dice que soy capaz y tengo que seguir estudiando en medio de estas dificultades, aunque nada indica que esto vaya a mejorar en un futuro cercano”, dice la chica. “Ojalá quienes vienen detrás de mí tengan la suerte de estudiar y soñar sin miedo”.
Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU, al menos 18.069 escolares y 780 docentes de la Franja han perdido la vida y más de 26.391 estudiantes y 3.211 profesores resultaron heridos desde octubre de 2023. “Los palestinos han mostrado un deseo extraordinario de no renunciar a la educación, pero el desaliento de los jóvenes debería ser una gran señal de alerta para la comunidad internacional. Debemos hacer más para apoyarlos. No podemos esperar”, alerta Pauline Rose, coautora del informe y directora del Centro REAL de la Universidad de Cambridge, centrado en el acceso a la educación. En total, Israel ha matado en dos años al menos a 71.000 gazatíes después de que el movimiento islamista palestino Hamás perpetrara unos cruentos ataques en su territorio, en los que murieron unas 1.250 personas.
Al borde del colapso total
Según la ONU, más del 91% de las escuelas de Gaza (518 de un total de 564) necesitarán ser reconstruidas para poder usarse de nuevo y solo un 38% de los estudiantes de primaria y secundaria de la Franja ha podido acceder a algún tipo de aprendizaje en los últimos dos años, en los que, según los autores de este estudio, se ha estado a punto de “borrar el derecho de los niños a la educación y, con ello, su propia identidad”. “Los estudiantes sienten que los han matado solo por ser gazatíes”, dijo un miembro de una organización internacional al equipo de investigación.
La investigación, realizada por expertos del Centro REAL y del Centro de Estudios Libaneses, en colaboración con la UNRWA [agencia para los refugiados palestinos], se basa en datos de la ONU y ONG y entrevistas con personal humanitario, funcionarios gubernamentales, profesores y estudiantes. “Hace un año dijimos que la educación estaba siendo atacada; ahora la vida de los niños de Gaza está al borde de un colapso total”, insistió Rose. Por ello, los expertos hacen hincapié en que, sin una ayuda internacional urgente, de un mínimo de unos 1.200 millones de euros, no se podrá afrontar una mínima reconstrucción física de las estructuras educativas, ni hacer frente a los daños psicológicos del conflicto en los pequeños de Palestina. Este monto también incluye las necesidades de Cisjordania y Jerusalén-Este, donde ha habido escuelas cerradas de manera temporal o permanente y, según el estudio, más de 800 estudiantes y 28 profesores han muerto o han resultado heridos a manos de colonos y soldados israelíes.
La pérdida de fe y esperanza que los jóvenes están expresando debería ser una enorme señal de alerta para la comunidad internacional. Debemos hacer más para apoyarlos. No podemos esperarPauline Rose, Universidad de Cambridge
La investigación calcula que los niños en Gaza habrán perdido el equivalente a cinco años lectivos debido a los repetidos cierres escolares desde 2020, primero por la pandemia y luego por la guerra. Pero si las escuelas permanecen cerradas hasta septiembre de 2027, muchos adolescentes “estarán una década entera por detrás del nivel educativo que les corresponde”.
Para impedirlo, la UNRWA y el Ministerio de Educación palestino han fomentado las clases a distancia y han habilitado 422 espacios de aprendizaje provisionales en toda la Franja, con capacidad de acoger a más de 232.500 alumnos, atendidos por 5.540 profesores. Pero según la investigación de la Universidad de Cambridge, la violencia, el hambre y el trauma han sido más fuertes y “han erosionado la esperanza de los jóvenes palestinos en el futuro y en el sistema internacional”.
“Soy una de esas personas de las que habla el estudio”, dice Abdul Rahman Wael Ahmed. Este joven de 18 años ha pasado dos años estudiando a distancia, intentando conectarse desde tiendas de campaña o apartamentos prestados con profesores que daban clase desde Cisjordania. Un tesón que se repite en numerosos testimonios de estudiantes de Gaza, donde antes de 2023 no había prácticamente analfabetismo.
“Tenía amigos que me preguntaban ‘¿para qué estudias? no sirve de nada, si nos van a matar…“, recuerda Ahmed, en una entrevista por WhatsApp con este periódico. Desde Nuseirat, en el centro de Gaza, revive varios momentos traumáticos vividos desde 2023: personas tiroteadas a pocos metros en un retén, el edificio vecino bombardeado, aviones disparando en zonas abarrotadas de civiles… “He visto cosas que nunca imaginé y tengo miedo constantemente”, dice, explicando que solo habla de estos recuerdos y temores con su padre.
Desde que entró en vigor el alto el fuego a mediados de octubre, Ahmed va a una escuela privada, con profesores, internet y exámenes. Una mínima normalidad que le reconforta. “Voy con retraso para mi edad, pero no quiero perder de vista mi sueño, que es salir de aquí y estudiar medicina”, dice.
Miedo a ir a clase
Las decisiones en Gaza han sido muy difíciles, desesperadas a menudo, en los últimos meses. Los padres y madres no querían poner a sus hijos en peligro por llevarlos a una tienda de campaña o escuela en ruinas a estudiar y tampoco deseaban que se cansaran y tuvieran más hambre porque no había prácticamente qué comer.
“A veces me sentía sin fuerzas y sin capacidad de concentrarme por no haber comido”, recuerda Ahmed. “Ahora me veo algo más fuerte, pero me da terror que la guerra vuelva y todo se paralice de nuevo”.
No se sienten seguros en ningún lugar. A veces escuchan disparos cuando están en clase y me cuesta mucho convencerlos de que vuelvan al día siguienteRana Ahmed Abu Waked, madre gazatí
Rana Ahmed Abu Waked tiene cinco hijos de entre siete y 15 años. Los cuatro mayores acuden cuatro horas al día a un colegio bombardeado de Ciudad de Gaza en el que se instalaron algunas tiendas de campaña. Tienen que sentarse en el suelo y, como hace mucho frío, su madre les da trozos de tela para que hagan las veces de cojín. Aun así, regresan congelados.
“Tienen miedo de ir porque siguen temiendo a las bombas. Me dicen que les da terror no volver o que me pase algo a mí y no verme más. No se sienten seguros en ningún lugar. A veces escuchan disparos cuando están en clase y me cuesta mucho convencerlos de que vuelvan al día siguiente”, explica a este periódico.
Pero hoy es un buen día porque Naya, de 11 años, acaba de volver a casa con el primer examen que realiza desde octubre de 2023 y ha sacado muy buena nota. “La niña está feliz”, explica su madre, enviando por WhatsApp una imagen del control, realizado en una hoja arrancada de un cuaderno. Abu Waked explica que ahora pueden encontrarse algunos cuadernos y bolígrafos en los mercados e intentará comprarles algunos y que los compartan.
Pero su hijo de siete años, el más pequeño, no puede acudir a estas clases porque sus documentos de identidad se quemaron en un bombardeo y no han podido renovarlos. “A su edad aún no sabe escribir. Estoy intentando enseñarle yo”, se despide esta madre.
En estos días hemos visto La Cabalgata de Reyes avanzar por las calles como ríos de luz. Durante unas horas, la ciudad se transforma y todo parece posible. La certeza de que la magia existe mientras haya alguien dispuesto a creer en ella.
En los campamentos saharauis esa magia también existe aunque de forma diferente. Los niños saharauis avanzan encima de un viejo Land Rover, como una caravana de Reyes Magos cruzando el desierto.
En España, la cabalgata es promesa de regalos; en el desierto, la caravana es promesa de llegar. Unos niños esperan, otros avanzan como una cabalgata silenciosa. Desde lo alto, alzan las manos haciendo el signo de la victoria. Sus dedos dibujan una V contra el cielo abierto, un gesto pequeño y firme que desafía al cansancio de llevar muchos años siendo refugiados. El polvo se pega a sus rostros, pero no apaga la sonrisa ni la firmeza del gesto. Cada día la vida en el campamento pone a prueba sus cuerpos, pero no su voluntad.
Encima del Land Rover ríen, se sostienen unos a otros, miran al horizonte con la naturalidad de quien sabe resistir. Entre sus brazos no llevan cofres ni tesoros brillantes, sino libros del bubisher, protegidos del viento como si fueran algo sagrado. Esos libros pesan más que el oro de cualquier cabalgata, porque guardan palabras, futuro y memoria. Así, la caravana avanza; niños-reyes sin corona, celebrando la victoria del aprendizaje y de la esperanza, mientras el desierto observa en silencio ese desfile humilde y poderoso a la vez.
Josu Jon Imaz, expolítico vasco y actual ejecutivo de Repsol, lamiéndole los zapatos a Trump, felicitándole por la apropiación de Venezuela, llamando «Golfo de América» al Golfo de México y ofreciéndose para participar en la absorción vampírica del petroleo venezolano. Tiempos nuevos, tiempos salvajes:
La doctrina América Primero, aplicada por la administración estadounidense durante el segundo mandato de Donald Trump, no solo reconfiguró las relaciones de Washington con África, sino que expuso de forma descarnada los mecanismos de coerción, subordinación y expolio que estructuran la política occidental hacia el Sur Global. El análisis publicado por Al Mayadeen permite comprender esta estrategia no como una anomalía coyuntural, sino como la manifestación sin eufemismos de una lógica imperial que tiene también en el Sáhara Occidental uno de sus laboratorios más persistentes.
El texto parte de una constatación fundamental: Estados Unidos abandonó incluso la retórica del desarrollo y la promoción democrática para imponer un enfoque estrictamente transaccional, basado en la reciprocidad forzada, la presión económica y el alineamiento geopolítico. En África, esta estrategia se tradujo en aranceles punitivos, recortes de ayuda, condicionalidades políticas y una utilización abierta de la vulnerabilidad estructural de muchos Estados como instrumento de disciplinamiento. No se trató de errores de gestión, sino de una política consciente orientada a asegurar obediencia y control.
Este giro resulta especialmente revelador cuando se observa su impacto en países que intentan preservar márgenes de soberanía o adoptar posiciones autónomas en el escenario internacional. Sudáfrica es presentada como un caso paradigmático: sancionada política y diplomáticamente por su pertenencia a los BRICS, por su política de tierras y, sobre todo, por haber llevado a Israel ante la Corte Internacional de Justicia. La respuesta de Washington —expulsión de diplomáticos, suspensión de ayudas y boicot político— muestra hasta qué punto el respeto al derecho internacional se convierte en un obstáculo cuando entra en conflicto con los intereses de sus aliados estratégicos.
Es en este punto donde la conexión con el Sáhara Occidental se vuelve evidente. Marruecos ocupa en África un lugar singular dentro de esta arquitectura de poder: es uno de los principales beneficiarios del enfoque transaccional estadounidense. A cambio de alineamiento estratégico —normalización con Israel, cooperación militar, control migratorio y apertura económica— Rabat obtiene respaldo político, silencio cómplice o ambigüedad calculada respecto a su ocupación ilegal del Sáhara Occidental. La doctrina América Primero no crea esta situación, pero la consolida al vaciar de contenido los principios que formalmente sustentan el sistema internacional.
El análisis de Al Mayadeen sobre la ayuda condicionada y su uso como herramienta de presión resulta particularmente pertinente para el caso saharaui. En África, la retirada de financiación sanitaria o alimentaria se emplea como castigo político; en el Sáhara Occidental, la ayuda humanitaria a los campamentos de refugiados sigue siendo crónicamente insuficiente, mientras se tolera y normaliza el expolio de los recursos naturales del territorio ocupado. En ambos casos, la asistencia no responde a derechos, sino a cálculos geopolíticos.
El componente militar de la estrategia estadounidense refuerza esta lectura. Las operaciones de AFRICOM, la reducción de transparencia sobre víctimas civiles y la instrumentalización de la lucha antiterrorista revelan una concepción securitaria donde la estabilidad se define en función de intereses externos. Marruecos encaja perfectamente en este esquema: presentado como “socio fiable” y “factor de estabilidad”, recibe apoyo militar y político mientras mantiene una ocupación respaldada por la represión sistemática de la población saharaui y la violación continuada del derecho internacional humanitario.
Especial relevancia adquiere el concepto de “eje de la impunidad” desarrollado en el artículo, que articula a Estados Unidos, Israel y Emiratos Árabes Unidos en torno al expolio de recursos y la proyección de poder militar. Esta lógica es plenamente aplicable al Sáhara Occidental, donde empresas extranjeras, acuerdos comerciales ilegales y proyectos energéticos o extractivos se desarrollan con la cobertura diplomática de las mismas potencias que proclaman su compromiso con la legalidad internacional. Marruecos actúa aquí como intermediario regional de un sistema que convierte territorios ocupados en plataformas de negocio y control estratégico.
Finalmente, Al Mayadeen introduce un elemento clave: el efecto bumerán de la doctrina América Primero. La presión económica, la diplomacia coercitiva y el desprecio por el multilateralismo no han fortalecido la hegemonía estadounidense en África, sino que han acelerado la búsqueda de alternativas. El acercamiento de numerosos países africanos a los BRICS, la creación de alianzas regionales soberanas y el reforzamiento de marcos multilaterales sin Washington apuntan a un reordenamiento profundo del continente.
Para el Sáhara Occidental, esta dinámica abre una grieta significativa. La erosión del consenso occidental y el avance de un mundo más multipolar devuelven centralidad al derecho internacional como terreno de disputa. En ese contexto, la ocupación marroquí aparece cada vez menos como un “conflicto regional” y más como lo que siempre ha sido: un caso de descolonización pendiente sostenido por equilibrios geopolíticos que empiezan a resquebrajarse.
La lectura que propone Al Mayadeen no es neutral, pero sí coherente: África —y con ella el Sáhara Occidental— deja de ser un objeto pasivo de la política internacional para convertirse en un espacio donde se confrontan modelos de orden global. La doctrina América Primero, lejos de imponer estabilidad, ha contribuido a desnudar las contradicciones de un sistema que ya no logra ocultar su crisis de legitimidad.
«La identidad no la da el territorio donde se nace, sino el horizonte hacia donde se camina» . (Los ojos Abiertos J.Mata 2025)
Prestar la voz, dice la poeta Laude Cahon a las personas que nadie escucha, a las que su voz no suena por mucho que griten, las silenciadas.
Hoy las nombramos para que su luz nunca se extinga.
Después de 50 años de vergonzosa situación, la imaginación y los sueños de estas niñas serpentean en su cielo lleno de estrellas, con una Luna que orienta, que indica el camino. Un cielo que nadie le ha podido quitar, un cielo que en la oscuridad permite imaginar, viajar, soñar. Le han quitado su tierra, sus casas, su mar, su voz, pero no su cielo. Ese cielo que les permite mirar hacia abajo, hacer un círculo y darse la mano, para retomar aliento.
A sus voces imperceptibles se unen otras, aquellas que creemos en la causa saharaui y prestamos las nuestras a ese pueblo olvidado. Sí , juntos prestamos nuestra voz y gritamos, desde dentro de los campamentos, desde fuera: Viva el Sahara libre!!!! Bien fuerte.!!!
Os invito a que nuestras voces se unan y que el grito se oiga sin desfallecer.
Ellas ya lo están haciendo, juntas dándose la mano, creando universos en esos espacios de creatividad, de libertad, de dignidad; donde los libros,los lazos rojos, el pájaro Bubisher, invitan a imaginar ese otro mundo del que le estamos privando. !! Viva el Sáhara Libre!!!
Habíamos hablado sobre la situación geopolítica con Josep Borrell antes de Navidad. Pero la convulsión internacional tras la captura del dictador Nicolás Maduro por parte de Donald Trump nos obliga a volver a contactar con él para ampliar esta conversación en la que también reflexiona sobre el papel que puede y debe asumir Europa en el tablero internacional.
El año ha comenzado con la intervención del gobierno estadounidense en Venezuela y la detención de Nicolas Maduro. ¿Qué podemos esperar?
La pregunta que debemos hacernos es quién va a sustituir a Maduro, si un líder elegido en proceso democrático o un gobierno títere como propone Trump –como el que Rusia quería instalar en Ucrania y que tiene en Bielorrusia–, algo que va en contra de la propia democracia. Venezuela tiene importantes recursos naturales y las mayores reservas de petróleo del mundo y eso es lo que interesa a Trump, que hará todo lo necesario para hacerse con ellas, incluso aliarse con el chavismo. El presidente norteamericano es un narcisista compulsivo que ejerce su poder en clave de imperio y ve a los aliados como tal solo mientras sean obedientes. Estados Unidos no piensa en restaurar la democracia cuando interviene en otros países.
«Trump hará todo lo necesario para controlar las reservas de petróleo de Venezuela, incluso aliarse con el chavismo»
El populismo es un fenómeno global y un conjunto de fuerzas heterogéneas repartidas por el mundo tiene un objetivo común: llevar a cabo una contrarreforma iliberal. ¿Podemos salvar la democracia liberal?
Está amenazada, pero podemos. En este momento, la mayor amenaza viene de Donald Trump, que tiene por objetivo acabar con el modelo de democracia liberal en Estados Unidos. Aunque mira lo que ha pasado en Nueva York: de repente aparece una persona que no solo denuncia a los populistas, sino que busca las raíces o los problemas por los cuales el populismo emerge, para atacar las causas y no solo sus manifestaciones.
¿Qué papel juega ahí Europa?
Europa, como institución supranacional, no fue pensada para eso; ese es uno de los problemas. Fue diseñada y estructurada para construir la paz entre los europeos e integrar su economía como forma de pacificación y de superación de los antagonismos identitarios, no para crear un sistema defensivo militar frente a un enemigo exterior —para eso estaba la OTAN— ni para salvar las democracias —para eso estaban las políticas de cada Estado—.
Entonces, ¿Europa se tiene que reinventar?
De alguna manera sí. Hay que rediseñarla, porque los problemas no se corresponden con los de ayer. Es como si tú vas en un coche pensado para ir por el desierto y de repente te encuentras en la nieve. Insisto, Europa no fue pensada para crear una unión de defensa; al contrario, fue creada desde la renuncia al poder y a la fuerza.
¿Y cómo se puede reinventar?
No es fácil. Modificar los tratados es prácticamente imposible, porque requiere procesos nacionales y, en muchos casos, referéndums. Si no se pueden modificar los tratados, hay que pensar en un grupo de países que realmente esté interesado en una Europa más capaz y más integrada. Crear una Europa dentro de Europa, un subconjunto, una avanzadilla con los que quieran, de verdad, construir una máquina diferente y acepten tomar decisiones que no sean por unanimidad. Porque hoy el gran freno para cualquier decisión de política exterior o de defensa es la unanimidad, que lo bloquea todo.
«Los europeos debemos analizar si podemos independizarnos o si nos convertimos en vasallos felices»
La tecnología está determinando la geopolítica. De hecho, Estados Unidos y China se enfrentan por la hegemonía tecnológica. ¿Qué papel juega la Unión Europea en esta batalla?
Siempre ha sido así; no es nada nuevo. España perdió las colonias porque la Marina americana había superado la tecnología de la Armada con cañones de más largo alcance y barcos acorazados. En todo momento, el que ha tenido el dominio tecnológico ha impuesto lo que llamamos geopolítica, las relaciones de poder. Los occidentales dominamos China porque teníamos una tecnología superior a la suya. Y los chinos no lo han olvidado, por eso ahora quieren estar al frente del desarrollo tecnológico. Lo curioso es que cada revolución tecnológica ha llevado consigo una expansión de los mercados financieros que ha acabado en un crack. Desde los ferrocarriles a —probablemente ahora— la inteligencia artificial, cada oleada tecnológica ha producido unas expectativas y una sobrevaloración de activos que ha acabado en un crack financiero. Eso también es geopolítica. En este momento, en el mundo solo hay dos polos geopolíticos: China, que produce un tercio de toda la producción industrial del mundo, y Estados Unidos, que tiene el 60% del mercado financiero mundial y lo domina con el dólar. Geopolíticamente, los europeos pintamos poco: no hemos tenido ningún papel en la crisis de Oriente Medio, con Ucrania dependemos de Estados Unidos y en la confrontación tecnológica entre China y Estados Unidos somos una variable de ajuste.
¿Y puede Europa seguir asumiendo el papel de regulador?
Siempre hemos presumido, y es verdad que teníamos, el poder blando —soft power— del regulador. Desarrollabas tus propios estándares cuando tenías capacidad de influir, porque generabas un avance tecnológico; no vas a regular siempre lo que hacen los demás, porque los demás inventan sus propios estándares. Ahora, por ejemplo, toda la regulación que hicimos sobre las big tech no la podemos aplicar, porque Trump nos ha advertido que si la aplicamos, habrá represalias.
La historia de la humanidad es la historia de las migraciones. ¿Cómo se puede armonizar el principio de solidaridad europeo con la complejidad de la realidad política y social?
Para los europeos, es uno de los grandes shocks a los que nos enfrentamos. No le llamemos shock de inmigración, sino demográfico. Lo primero que sufrimos es un invierno demográfico del que no somos conscientes. La perspectiva a corto plazo es una población muy envejecida que no tiene reposición generacional —las tasas de fecundidad han caído— y que necesita la aportación de fuerza de trabajo exterior, que cuando pasa de un cierto porcentaje genera resistencias identitarias. Ese shock es menos grave en España, porque tenemos una inmigración latinoamericana más fácil de migrar —desde el punto de vista cultural, idiomático, religioso—. Hay lugares, como Francia, que tienen problemas difíciles de contener, porque la integración se hace más difícil. Eso se manifiesta en partidos políticos que basan su discurso en el rechazo a la inmigración. Hay un gradiente, una fuerza que genera movimiento entre Europa y África [y otras partes del mundo]. Hay una corriente humana mucho más joven y pobre que nosotros, con una vida más difícil, para los que somos un polo de atracción. Y al mismo tiempo los necesitamos. La solución teórica es acabar con el gradiente, que puedan desarrollarse en casa y no tengan que venir aquí, pero eso resuelve una parte del problema; no la otra: nosotros mismos. Tenemos que combinar mayores tasas de fertilidad con una mayor tasa de desarrollo en origen y para eso hacen falta al menos un par de generaciones.
«Siempre ha sido así: quien domina la tecnología impone las relaciones de poder»
La defensa es otro shock para Europa.
De repente percibimos que tenemos un problema de seguridad y defensa y nos damos cuenta de eso por dos razones. La primera es que la amenaza existencial que representa Rusia ha puesto claramente de manifiesto que ahora tenemos un enemigo. Y la segunda es que el amigo protector, Estados Unidos, parece que ya no es ni tan amigo ni tan protector. Nos hemos dado cuenta de que somos un protectorado militar de Estados Unidos. El que nos protege nos dice que se ha cansado de hacerlo, que como mínimo vamos a tener que pagar por su protección. Y quizá a lo mejor ni siquiera le interesa porque tiene que dedicar sus recursos a otros frentes, como el Indo-Pacífico. Tenemos que ver si somos capaces de independizarnos y de tener nuestras propias capacidades defensivas o si nos convertimos en vasallos felices.
¿Qué es más inteligente, más práctico en el corto o medio plazo?
Va por zonas. Francia desde los tiempos de De Gaulle ha dejado claro que no quiere ser un vasallo. Quiere ser independiente de Estados Unidos. De Gaulle ya lo decía: algún día los americanos se irán de Europa y entonces nos encontraremos solos y tendremos que responder con nuestras propias capacidades. Francia siempre ha hablado de la autonomía estratégica. Otros, los del Este, que tienen el enemigo más cerca y lo han sufrido —los bálticos son el prototipo—, no creen que podamos construir esta capacidad autónoma. Sustituir la protección militar americana es la tarea de una generación; no se puede hacer en un ciclo presupuestario o dos. Y, en caso de querer hacerlo, habría que decidir cómo. ¿Reforzando la utopía del ejército europeo? Todo el mundo entiende que sería más económico tener un solo ejército que veintisiete. A corto plazo, eso no es una solución, porque el ejército es la última expresión de la soberanía, de la independencia nacional. Además, tener un solo ejército plantea otra cuestión: cuál es la estructura de mando y control. La única solución a corto plazo es hacer que los ejércitos sean interoperables: cada uno tiene el suyo, pero todos pueden trabajar juntos. Eso es lo que hace la OTAN.
¿Cuál cree usted que debe ser la aportación española a la OTAN?
El 5% es una imposición arbitraria de Trump que no tiene ningún sustento lógico. Tú te has comprometido con la OTAN a aportar unas ciertas capacidades; si estas te cuestan el 5% o el 2% es tu problema. Tienes que poner a disposición de la OTAN tus capacidades militares. Aportar no quiere decir tenerlos en el cuartel esperando, sino hacerlos interoperables con otros ejércitos. No tiene mucho sentido exigir que a todo el mundo le cueste lo mismo. Hungría, por ejemplo, no tiene mar y por lo tanto tampoco armada; le cuesta menos. Hay que garantizar la aportación a la OTAN. España dice que con el 2% lo puede hacer; a mí me parece escaso, pero el 5% me resulta excesivo.
«El invierno demográfico es uno de los grandes shocks a los que se enfrenta Europa»
¿Puede aún Europa ayudar a Ucrania a vencer a Rusia?
La ayudamos más que Estados Unidos. Trump dice que ellos han aportado 300.000 millones y nosotros 100.000. Es falso. El total de ayuda civil y militar europea a Ucrania es superior a la de Estados Unidos. Sin nuestra ayuda no podrían seguir y sin la americana tampoco. El problema es saber si nosotros podemos sustituir la americana. De alguna manera, esa cuestión ya se plantea, porque Trump nos dice que compremos, que él no da. Hasta ahora, la ayuda americana era una donación. Es un cambio radical. ¿Quiere decir eso que los europeos podemos pagar a Estados Unidos lo mismo que Estados Unidos daba a Ucrania? Está por ver si los europeos quieren sustituir la ayuda militar norteamericana a Ucrania pagando por ello.
Europa impulsaba el Pacto Verde al mismo tiempo que le compraba gas a un dictador. ¿Cómo opina del paso del Green Deal al Clean Industrial Deal?
Von der Layen hizo del Pacto Verde y de la transformación digital los dos ejes. Dijo que el Pacto Verde es en sí mismo una estrategia de desarrollo industrial. Ahora, el discurso es que las exigencias de ese pacto limitan la competitividad. Es decir, ya no es un instrumento de desarrollo industrial, porque es una restricción que limita la competitividad, por lo que hay que bajar los límites, las exigencias. De ahí todas esas leyes ómnibus de desregulación. Algunos sectores temen que vayamos tan lejos en la desregulación que retrocedamos en las exigencias que habíamos planteado.
Y usted, ¿cree que los objetivos medioambientales que se firmaron en París están cada vez más lejos de cumplirse?
Veo que el consumo de energía carbonada sigue subiendo. Hay una gran expansión de las renovables, pero eso no hace que disminuya la producción de energía sobre fuentes carbonadas. Aumenta porque hay una gran demanda de energía. No estamos reduciendo las emisiones globales. Aunque suprimiéramos mañana todas las emisiones de CO2 con origen en Europa, el problema seguirá siendo el mismo. La discusión se plantea el términos de «ustedes transfieren fuera la generación de emisiones; producen fuera y consumen dentro». Habría que ver no tanto las emisiones producidas por área geográfica, sino las emisiones consumidas; es decir cuánta emisión se produce para satisfacer la demanda. Lo importante no es el flujo actual, sino el stock acumulado. Europa está reduciendo sus ambiciones no estrictamente en términos de emisiones, sino de todas las regulaciones.
Hablemos de Gaza. Más de dos años después y pese al acuerdo de paz alcanzado entre Estados Unidos e Israel, la situación parece de lo más inestable.
Primero, no es un acuerdo de paz, porque la paz la hacen los que están en guerra y ese acuerdo lo han hecho Netanyahu y Trump, que no están en guerra. Como mucho es un alto el fuego y ni eso, porque desde que se acordó ha habido casi 300 muertos en el lado palestino. Más que el acuerdo, la cuestión es el voto en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde Rusia y China se han abstenido, porque saben que de momento no hay nada mejor y no pueden oponerse, y los europeos hemos seguido la propuesta de Trump. Europa tiene poca influencia política, porque estamos divididos: unos países diciendo que lo que está haciendo Israel es un genocidio y otros dándole armas para que continúe haciéndolo. Europa no ha tenido ninguna influencia. Quien la ha tenido ha sido Trump. El problema es quién es Europa, con quién se sientan. ¿Con la presidente de la Comisión? No tiene competencias en política exterior. ¿Con el presidente del Consejo? Representa a un consejo que está dividido.
«Las coaliciones entre democristianos y socialdemócratas son posibles en Alemania. En España, no»
Usted estuvo 14 años en altos cargos del gobierno español, ¿cómo ve la situación política en España?
Extraordinariamente polarizada. El sistema democrático se esteriliza en sí mismo en la medida en que no hay un debate en las Cortes que permita identificar propuestas; es todo un barrizal de insultos y griterío. Cuando la oposición dice que no a todo sistemáticamente y el gobierno tampoco es capaz ni siquiera de proponer un presupuesto —no ya de aprobarlo—, el sistema democrático está paralizado. Los presupuestos se tienen que presentar. Por una parte, hay previsiones constitucionales que no se cumplen y, por otra, hay una oposición que parece que su única arma es el desprestigio del contrario. El Partido Popular y Vox tienen una parte muy importante de la responsabilidad, porque la degradación del debate político no conduce a nada.
¿Envidia las coaliciones de gobierno entre democristianos y socialdemócratas que se dan en Alemania?
Eso es posible en Alemania, no aquí. Al gran partido que fue de centro-derecha le ha salido un competidor a su derecha y su única solución, parece ser, es gobernar con él, porque no tiene una mayoría absoluta. Por el otro lado, parece que la única solución [del Gobierno] es gobernar con pequeños partidos a la izquierda más los independentistas, que son unos socios por definición improbables, que dicen que no les importa la gobernabilidad de España. Esa polarización de las opciones es lo que caracteriza una política española muy bipolar. Quizás a todos nos asuste un gobierno de PP más Vox, pero la experiencia de un Gobierno que depende de los independentistas y de pequeños partidos a su izquierda, tampoco parece que sea una solución muy eficiente. Un gobierno que no es capaz de aprobar los presupuestos tiene una falla de base.
Le Makhzen est désormais enferré dans son propre piège. En voulant imposer son léger et mensonger plan d’autonomie, ne tenant que sur quatre risibles feuillets, il se voit aujourd’hui contraint d’en fournir les détails, ce qui lui est techniquement, politiquement et légalement impossible.
Rabat n’a toujours pas présenté son nouveau et mort-né plan d’autonomie pour le Sahara occidental. Deux mois après la réunion du 10 novembre 2025 au sommet de l’État, censée sceller une proposition définitive, le document reste inexistant. Ce silence n’est pas un simple retard administratif. Il devient l’aveu d’une impasse stratégique du Makhzen, incapable de transformer une promesse diplomatique en projet politique crédible. Le Makhzen, copiant sa politique du fait accompli sur ses maitres israéliens, a joué la carte du temps.
Mal lui en prit. Le conseil de sécurité le somme aujourd’hui de détailler son plan d’autonomie. Or, sa propre nature féodal l’en rend incapable. Ce qui met à nu dans le même temps l’ampleur de ses mensonges et de ses manœuvres dilatoires. Il est vrai, en effet, que le droit international est pleinement du côté du peuple sahraoui. Nulle solution (légale, et mutuellement acceptable) n’est dès lors envisageable en dehors d’un référendum d’autodétermination.
La résolution 2797 du Conseil de sécurité, adoptée le 31 octobre 2025 sous pilotage américain, a placé le royaume face à une exigence qu’il redoutait : une autonomie « véritable ». Autrement dit, autre chose qu’un slogan recyclé depuis 2007 et servi mécaniquement aux capitales occidentales. Une autonomie réelle implique un transfert de pouvoir, une légitimité politique locale, un contrôle des ressources et, surtout, une rupture avec la gestion coloniale du territoire. C’est précisément ce que Rabat refuse. D’où l’enlisement.
Le pouvoir colonial marocain sait qu’aller au bout de cette logique ouvrirait une boîte de Pandore. Une autonomie authentique au Sahara occidental ferait immédiatement sauter le verrou du Rif, des régions marginalisées, des territoires tenus par la coercition plus que par le consentement. Le Makhzen gouverne par la centralisation autoritaire. Pas par le partage du pouvoir. Le plan d’autonomie est donc condamné à rester flou, ambigu, et volontairement incomplet.
La régionalisation avancée de 2011, souvent brandie comme preuve de bonne foi, n’a été qu’un maquillage institutionnel. Aucun pouvoir stratégique n’a quitté le palais, aucun choix structurant n’a été confié aux populations locales. Dans les territoires sahraouis occupés, l’administration reste verticale, sécuritaire et extractive. Parler d’autonomie dans ces conditions relève de la pure imposture politique.
À cette faillite interne s’ajoute une manœuvre internationale d’une brutalité assumée. Les États-Unis ont décidé de neutraliser l’ONU et de vider la Minurso de sa substance. Les coupes budgétaires, les licenciements ciblés et l’effacement progressif du référendum d’autodétermination ne sont pas des dommages collatéraux, mais une stratégie délibérée. Washington ne veut plus d’un cadre multilatéral, trop contraignant, trop juridique, trop protecteur du droit du peuple sahraoui.
La résolution 2797 entérine ce basculement. Le référendum, cœur du mandat onusien depuis plus de trente ans, est purement et simplement évacué. Un rapport de force se substitue au droit international. La Minurso, déjà réduite à un rôle d’observateur impuissant, est désormais poussée vers la sortie. Le nouvel ambassadeur américain à Rabat n’a même pas pris la peine de dissimuler cette intention, évoquant un départ anticipé de la mission onusienne.
Ce qui se dessine n’est pas une solution, mais un passage en force. Steve Witkoff et Massad Boulos assument la mission de transformer un conflit de décolonisation en simple dossier diplomatique, négocié entre capitales, loin des Sahraouis. La présence annoncée de Jared Kushner parachève le cynisme de l’opération : le traitement du Sahara occidental comme une monnaie d’échange dans la continuité des accords d’Abraham, au même titre que d’autres causes sacrifiées sur l’autel des intérêts américains et de l’entité israélienne.
Le discours marocain sur la négociation directe n’est qu’une diversion. Il ne vise pas à résoudre le conflit, mais à diluer les responsabilités, à contourner le droit international et à imposer un fait accompli sous parapluie américain. Le peuple sahraoui, encore une fois, est exclu de son propre destin.
Il faut donc nommer les choses. Ce qui se joue aujourd’hui n’est pas une négociation, mais une tentative de liquidation politique de la question sahraouie. Ce n’est pas une recherche de paix, mais une normalisation de l’occupation. Tant que le référendum restera enterré, tant que l’autonomie restera un mot creux, et tant que Washington continuera d’agir comme avocat du diable et du Makhzen, le Sahara occidental restera un territoire occupé et un symbole criant de l’effondrement du droit international. A méditer…
Le président israélien avec son valet Mohamed Ben Zayed. D. R.
Par Abdelkader S. – De nouvelles révélations jettent une lumière crue sur la nature de la coopération sécuritaire entre les Emirats arabes unis et Israël, mettant en cause le rôle d’Abou Dhabi dans des opérations d’espionnage visant la bande de Gaza et le Qatar. Selon des documents confidentiels attribués aux services de renseignement émiratis, cette collaboration va bien au-delà d’un simple échange d’informations et s’inscrit dans une logique d’alignement stratégique assumé sur les priorités sécuritaires israéliennes.
D’après ces documents, relayés par plusieurs sources médiatiques arabes, les services de renseignement des Emirats ont travaillé en étroite coordination avec le Mossad, y compris pour mener des missions de surveillance et de collecte de renseignements à Gaza et au Qatar. Plus troublant encore, ces opérations ont été exécutées sur la base d’instructions directes émanant du Premier ministre israélien, Benyamin Netanyahou, assorties de délais stricts et de moyens techniques fournis par Israël.
Le ton employé dans ces directives suscite une vive controverse. Les documents évoquent des ordres formulés dans un langage jugé condescendant, voire humiliant, par certains responsables émiratis eux-mêmes. Cette attitude, décrite comme autoritaire et dénuée de toute considération pour un partenariat d’égal à égal, révèle un déséquilibre manifeste dans la relation entre les deux parties. Israël a notamment exigé une intensification drastique des activités de renseignement émiraties au Qatar, avec une multiplication par cinq des équipes déployées, considérant Doha comme un acteur sensible en raison de son soutien politique au Hamas.
Ces révélations confirment le bradage par Mohamed Ben Zayed de la souveraineté décisionnelle des Emirats et les conséquences de son allégeance à Israël. Le fait qu’un Etat arabe accepte d’exécuter des ordres sécuritaires dictés de l’extérieur, dans un contexte régional déjà marqué par de fortes tensions, accentue les critiques à l’encontre de la politique étrangère d’Abou Dhabi et confirme les appréhensions de l’Algérie au sujet du comportement hostile de cette monarchie du Golfe. Plusieurs observateurs y voient une dérive inquiétante, où les considérations stratégiques prennent le pas sur les principes de solidarité régionale et de respect du droit des peuples, en particulier celui des Palestiniens.
Il convient de rappeler que les relations entre les Emirats arabes unis et Israël ne datent pas de la normalisation officielle de 2020. Pendant des années, des contacts discrets et des accords sécuritaires non déclarés ont préparé le terrain à un partenariat désormais assumé. La signature des accords de normalisation a marqué un tournant, ouvrant la voie à une coopération élargie dans les domaines sécuritaire, militaire et technologique.
Cependant, les fuites récentes révèlent une facette plus sombre de cette alliance, à savoir une implication directe dans des opérations d’espionnage contre Gaza, territoire déjà soumis à un blocus sévère, et contre le Qatar, un Etat arabe souverain. Elles confirment également l’intensification des relations sécuritaires entre Tel-Aviv et certaines capitales arabes, au détriment de la transparence et de la confiance régionale.
Ces révélations ne feront qu’aggraver la perception négative des Emirats dans l’opinion publique arabe, en renforçant l’idée d’une soumission totale au régime nazi de Tel-Aviv. Elles posent aussi la question du coût politique et moral de cette coopération, dont les conséquences dépassent largement le cadre du renseignement.
GINEBRA – Expertos de las Naciones Unidas* condenaron hoy firmemente la acción militar a gran escala llevada a cabo por los Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, el bombardeo de Caracas y otras ciudades, así como el secuestro forzoso del presidente Nicolás Maduro y su mujer.
«Estas acciones representan una grave, manifiesta y deliberada violación de los principios más fundamentales del derecho internacional, establecen un precedente peligroso y corren el riesgo de desestabilizar toda la región y el mundo», afirmaron los expertos.
Destacaron que el uso no provocado de la fuerza armada sobre el territorio soberano de Venezuela constituye una clara violación del Artículo 2(4) de la Carta de la ONU, que prohíbe inequívocamente la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. También podría constituir el crimen internacional de agresión atribuible a los líderes políticos y militares involucrados.
Se informó que estas acciones provocaron la pérdida de un número desconocido de vidas. Estas acciones se ven además agravadas por el conjunto de medidas coercitivas unilaterales previas contra Venezuela, que incluyen un bloqueo naval y la incautación armada de petroleros, así como el asesinato extrajudicial de al menos 115 civiles presuntamente vinculados al narcotráfico. “Todas estas medidas son contrarias al derecho internacional y al derecho humanitario, incluido el derecho no derogable a la vida”, dijeron.
Los expertos de la ONU señalaron que, según el derecho internacional consuetudinario, los jefes de Estado en funciones son inmunes a la jurisdicción penal de tribunales extranjeros, aunque no de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, mientras estén en el cargo. Este es un principio afirmado por la Corte Internacional de Justicia en su fallo de «Orden de Arresto» de 2002, y es aplicable independientemente del reconocimiento diplomático o consideraciones políticas.
«Este ataque sin precedentes contra Venezuela no debe verse como un incidente aislado, sino como parte de un patrón más amplio y profundamente preocupante de desconsideración sistemática por la paz, el derecho internacional y las instituciones multilaterales», afirmaron los expertos. «Este retorno a la diplomacia basada en la fuerza incluye repetidos actos de agresión militar, incluidos asesinatos extrajudiciales y diplomacia coercitiva, la imposición de sanciones contra jueces y fiscales de la Corte Penal Internacional y de un Relator Especial de la ONU por el trabajo realizado bajo un mandato confiado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.»
«Tomadas en conjunto, estas prácticas señalan un desafío deliberado al orden legal internacional y al principio mismo de que el poder debe estar limitado por la ley», dijeron. «Si se toleran, tales acciones normalizarían la anarquía en las relaciones internacionales y deteriorarían gravemente el orden global.»
Los expertos expresaron gran preocupación por las declaraciones públicas posteriores del presidente de los Estados Unidos, en las que afirmó que EE. UU. «gobernará el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y prudente» y que «vamos a sacar una tremenda cantidad de riqueza del suelo.»
Advirtieron que tales declaraciones equivalen a un flagrante desprecio por el derecho de los pueblos a la autodeterminación y su soberanía sobre los recursos naturales, pilares del derecho internacional de los derechos humanos consagrados en el Artículo 1 del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, del cual los Estados Unidos son parte desde 1992.
«Los vastos recursos naturales de Venezuela, incluidos los mayores reservas probadas de petróleo del mundo, no deben ser explotados cínicamente a través de pretextos disfrazados para legitimar la agresión militar, la ocupación extranjera o estrategias de cambio de régimen», dijeron los expertos. «La comunidad internacional, incluidos los Estados y las empresas, tiene la responsabilidad fundamental de abstenerse de ser cómplices en cualquier estrategia imperial que viole los derechos humanos y los principios de no intervención y autodeterminación.»
Los expertos señalaron que, si bien América Latina lleva las cicatrices históricas de muchas intervenciones coloniales e imperialistas, también encarna una larga tradición de lucha por la resistencia y la emancipación.
«El futuro de Venezuela debe ser determinado por el pueblo venezolano únicamente, en plena soberanía, a través del diálogo y la rendición de cuentas, asegurando la participación significativa e igualitaria de las mujeres en todos los procesos de toma de decisiones y adhiriendo plenamente a los principios de gobernanza democrática, respeto por los derechos humanos, independencia judicial y espacio cívico», afirmaron. «Esto debe llevarse a cabo libre de coerción externa, fuerza militar o estrangulamiento económico.»
«Instamos a los Estados miembros de las Naciones Unidas a condenar la agresión de los Estados Unidos y a actuar de manera decisiva para detener todas las acciones contrarias al derecho internacional», dijeron los expertos.
«Mantener el derecho internacional es un imperativo para la supervivencia de un orden internacional democrático y equitativo basado en el estado de derecho», concluyeron.
Los Relatores Especiales, Expertos Independientes y Grupos de Trabajo son expertos en derechos humanos independientes designados por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Juntos, estos expertos se conocen como los Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos. Los expertos de los Procedimientos Especiales trabajan de manera voluntaria; no son personal de la ONU y no reciben salario por su trabajo. Mientras que la Oficina de Derechos Humanos de la ONU actúa como secretaría de los Procedimientos Especiales, los expertos sirven en su capacidad individual y son independientes de cualquier gobierno u organización, incluyendo la OACNUDH y la ONU. Cualquier opinión o punto de vista expresado es únicamente responsabilidad del autor y no representa necesariamente la postura de la ONU ni de la OACNUDH.
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El régimen cubano es un sobreviviente. El denominado “Período Especial” con la disolución del Bloque del Este, fue una severa prueba tanto al liderazgo cubano y especialmente al pueblo. Fidel Castro, un hábil estratega, buscó una salida al problema y encontró en Venezuela, la “tabla” de salvación con la instalación de un gobierno afín. Problemas de gestión interna, el dogmatismo ideológico y el endurecimiento de las sanciones impuestas por la segunda presidencia de Donald Trump, colocaron al país en una situación precaria. La salida de Maduro del poder en Venezuela – algo que la inteligencia cubana estaba seguramente al tanto – se traduciría en una mayor asfixia económica, mecanismo por el cual aparentemente Washington busca el final de la “Revolución”. Al parecer eso no es tan sencillo y no debe subestimarse la capacidad de resiliencia de la “nomenklatura” y sociedad cubana.
Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro
Especial para LA POLIS. Desde Buenos Aires
El 3 de enero de 2026, el mundo habló como fuerzas especiales estadounidenses capturaban al presidente venezolano Nicolás Maduro, donde al parecer murieron una treintena de militares cubanos que formaban parte de su dispositivo de seguridad. Esto fue hábilmente empleado por el presidente Miguel Díaz – Canel de Cuba para movilizar a la sociedad, en el marco de una severa crisis socio económico y mantener viva la narrativa del régimen. No es la primera vez que Cuba y Estados Unidos se ven enfrentados abiertamente en unos terceros países, pero destacándose que siempre La Habana identificó “líneas rojas” y hasta donde llegar con Washington.
Las acciones sobre Venezuela, pusieron los ojos sobre La Habana y en muchos medios, creyeron que la ira de Washington se descargaría en Cuba. Las declaraciones con fecha del 4 de enero de 2025, del presidente Donald Trump ante la prensa estadounidense señaló “está a punto de caer” por la crisis económica, pero dejó en claro que no habría intervención directa: “No creo que necesitemos ninguna acción”. El Secretario de Estado, Marco Rubio, evitó entrar en mayores detalles sobre posiblemente acciones estadounidenses sobre Cuba. Desde el discurso, la Casa Blanca busca mantener alineados al gobierno de Trump la influyente comunidad cubana exiliada en Estados Unidos, destacándose el caso de Rubio, que es hijo de exiliados cubanos.
La fuerte presencia de la inteligencia cubana en Venezuela, sin ninguna duda le dio al régimen de La Habana un adecuado cuadro de situación sobre Maduro. Años de conspiraciones, Guerra Fría, intentos de asesinato de Fidel Castro, misiones “internacionalistas” y el apoyo a movimientos políticos en América Latina y fuera de ella, permitió al régimen construir en seis décadas una sólida comunidad de inteligencia, incluso en los mismos Estados Unidos. Más allá del discurso de solidaridad frente a los hechos consumados en la fatídica madrugada del 3 de enero en Caracas y la salida abrupta del presidente venezolano del poder, la preocupación del liderazgo cubano pasa por el acceso al petróleo venezolano que alimenta las plantas de energía cubanas. El país vive horas sin energía, con constantes apagones, que generan descontento social, provocando movilizaciones, aunque rápidamente neutralizadas por el eficaz sistema policial cubano. ¿El régimen tendrá una estrategia de salida como en otras situaciones críticas? La alianza con Caracas tenía sus matices, como quedó reflejado el papel de Cuba en la crisis del Esequibo con Guyana entre los años 2023-2024, donde La Habana, mantuvo su neutralidad, dado que tiene sus intereses con los países del Caribe angloparlante y Guyana, país en conflicto con Venezuela por el citado espacio territorial.
Ya quisiera Europa tener un grupo de expertas (ocho chicas y dos chicos) como este para resolver sus problemas y salir de la parálisis. Daríamos cualquier cosa por saber lo que se cuece ahí, en el centro de la foto, entre lazos rojos y pensamientos en ebullición, sobre una alfombra bubishera. Nada malo, seguro; algo bueno, con más seguridad aún. Algo bello y nuevo, una criatura que aún balbucea. Pero ese balbuceo es una promesa de futuro. No hay sonido en una foto, pero se presiente, se intuye: ¿Lo hacemos? Y desde aquí les animamos: ¡Venga! ¡Para eso le dimos alas nuevas al Bubisher, para que lo hagáis, sea lo que sea!