«La identidad no la da el territorio donde se nace, sino el horizonte hacia donde se camina» . (Los ojos Abiertos J.Mata 2025)
Prestar la voz, dice la poeta Laude Cahon a las personas que nadie escucha, a las que su voz no suena por mucho que griten, las silenciadas.
Hoy las nombramos para que su luz nunca se extinga.
Después de 50 años de vergonzosa situación, la imaginación y los sueños de estas niñas serpentean en su cielo lleno de estrellas, con una Luna que orienta, que indica el camino. Un cielo que nadie le ha podido quitar, un cielo que en la oscuridad permite imaginar, viajar, soñar. Le han quitado su tierra, sus casas, su mar, su voz, pero no su cielo. Ese cielo que les permite mirar hacia abajo, hacer un círculo y darse la mano, para retomar aliento.
A sus voces imperceptibles se unen otras, aquellas que creemos en la causa saharaui y prestamos las nuestras a ese pueblo olvidado. Sí , juntos prestamos nuestra voz y gritamos, desde dentro de los campamentos, desde fuera: Viva el Sahara libre!!!! Bien fuerte.!!!
Os invito a que nuestras voces se unan y que el grito se oiga sin desfallecer.
Ellas ya lo están haciendo, juntas dándose la mano, creando universos en esos espacios de creatividad, de libertad, de dignidad; donde los libros,los lazos rojos, el pájaro Bubisher, invitan a imaginar ese otro mundo del que le estamos privando. !! Viva el Sáhara Libre!!!
Habíamos hablado sobre la situación geopolítica con Josep Borrell antes de Navidad. Pero la convulsión internacional tras la captura del dictador Nicolás Maduro por parte de Donald Trump nos obliga a volver a contactar con él para ampliar esta conversación en la que también reflexiona sobre el papel que puede y debe asumir Europa en el tablero internacional.
El año ha comenzado con la intervención del gobierno estadounidense en Venezuela y la detención de Nicolas Maduro. ¿Qué podemos esperar?
La pregunta que debemos hacernos es quién va a sustituir a Maduro, si un líder elegido en proceso democrático o un gobierno títere como propone Trump –como el que Rusia quería instalar en Ucrania y que tiene en Bielorrusia–, algo que va en contra de la propia democracia. Venezuela tiene importantes recursos naturales y las mayores reservas de petróleo del mundo y eso es lo que interesa a Trump, que hará todo lo necesario para hacerse con ellas, incluso aliarse con el chavismo. El presidente norteamericano es un narcisista compulsivo que ejerce su poder en clave de imperio y ve a los aliados como tal solo mientras sean obedientes. Estados Unidos no piensa en restaurar la democracia cuando interviene en otros países.
«Trump hará todo lo necesario para controlar las reservas de petróleo de Venezuela, incluso aliarse con el chavismo»
El populismo es un fenómeno global y un conjunto de fuerzas heterogéneas repartidas por el mundo tiene un objetivo común: llevar a cabo una contrarreforma iliberal. ¿Podemos salvar la democracia liberal?
Está amenazada, pero podemos. En este momento, la mayor amenaza viene de Donald Trump, que tiene por objetivo acabar con el modelo de democracia liberal en Estados Unidos. Aunque mira lo que ha pasado en Nueva York: de repente aparece una persona que no solo denuncia a los populistas, sino que busca las raíces o los problemas por los cuales el populismo emerge, para atacar las causas y no solo sus manifestaciones.
¿Qué papel juega ahí Europa?
Europa, como institución supranacional, no fue pensada para eso; ese es uno de los problemas. Fue diseñada y estructurada para construir la paz entre los europeos e integrar su economía como forma de pacificación y de superación de los antagonismos identitarios, no para crear un sistema defensivo militar frente a un enemigo exterior —para eso estaba la OTAN— ni para salvar las democracias —para eso estaban las políticas de cada Estado—.
Entonces, ¿Europa se tiene que reinventar?
De alguna manera sí. Hay que rediseñarla, porque los problemas no se corresponden con los de ayer. Es como si tú vas en un coche pensado para ir por el desierto y de repente te encuentras en la nieve. Insisto, Europa no fue pensada para crear una unión de defensa; al contrario, fue creada desde la renuncia al poder y a la fuerza.
¿Y cómo se puede reinventar?
No es fácil. Modificar los tratados es prácticamente imposible, porque requiere procesos nacionales y, en muchos casos, referéndums. Si no se pueden modificar los tratados, hay que pensar en un grupo de países que realmente esté interesado en una Europa más capaz y más integrada. Crear una Europa dentro de Europa, un subconjunto, una avanzadilla con los que quieran, de verdad, construir una máquina diferente y acepten tomar decisiones que no sean por unanimidad. Porque hoy el gran freno para cualquier decisión de política exterior o de defensa es la unanimidad, que lo bloquea todo.
«Los europeos debemos analizar si podemos independizarnos o si nos convertimos en vasallos felices»
La tecnología está determinando la geopolítica. De hecho, Estados Unidos y China se enfrentan por la hegemonía tecnológica. ¿Qué papel juega la Unión Europea en esta batalla?
Siempre ha sido así; no es nada nuevo. España perdió las colonias porque la Marina americana había superado la tecnología de la Armada con cañones de más largo alcance y barcos acorazados. En todo momento, el que ha tenido el dominio tecnológico ha impuesto lo que llamamos geopolítica, las relaciones de poder. Los occidentales dominamos China porque teníamos una tecnología superior a la suya. Y los chinos no lo han olvidado, por eso ahora quieren estar al frente del desarrollo tecnológico. Lo curioso es que cada revolución tecnológica ha llevado consigo una expansión de los mercados financieros que ha acabado en un crack. Desde los ferrocarriles a —probablemente ahora— la inteligencia artificial, cada oleada tecnológica ha producido unas expectativas y una sobrevaloración de activos que ha acabado en un crack financiero. Eso también es geopolítica. En este momento, en el mundo solo hay dos polos geopolíticos: China, que produce un tercio de toda la producción industrial del mundo, y Estados Unidos, que tiene el 60% del mercado financiero mundial y lo domina con el dólar. Geopolíticamente, los europeos pintamos poco: no hemos tenido ningún papel en la crisis de Oriente Medio, con Ucrania dependemos de Estados Unidos y en la confrontación tecnológica entre China y Estados Unidos somos una variable de ajuste.
¿Y puede Europa seguir asumiendo el papel de regulador?
Siempre hemos presumido, y es verdad que teníamos, el poder blando —soft power— del regulador. Desarrollabas tus propios estándares cuando tenías capacidad de influir, porque generabas un avance tecnológico; no vas a regular siempre lo que hacen los demás, porque los demás inventan sus propios estándares. Ahora, por ejemplo, toda la regulación que hicimos sobre las big tech no la podemos aplicar, porque Trump nos ha advertido que si la aplicamos, habrá represalias.
La historia de la humanidad es la historia de las migraciones. ¿Cómo se puede armonizar el principio de solidaridad europeo con la complejidad de la realidad política y social?
Para los europeos, es uno de los grandes shocks a los que nos enfrentamos. No le llamemos shock de inmigración, sino demográfico. Lo primero que sufrimos es un invierno demográfico del que no somos conscientes. La perspectiva a corto plazo es una población muy envejecida que no tiene reposición generacional —las tasas de fecundidad han caído— y que necesita la aportación de fuerza de trabajo exterior, que cuando pasa de un cierto porcentaje genera resistencias identitarias. Ese shock es menos grave en España, porque tenemos una inmigración latinoamericana más fácil de migrar —desde el punto de vista cultural, idiomático, religioso—. Hay lugares, como Francia, que tienen problemas difíciles de contener, porque la integración se hace más difícil. Eso se manifiesta en partidos políticos que basan su discurso en el rechazo a la inmigración. Hay un gradiente, una fuerza que genera movimiento entre Europa y África [y otras partes del mundo]. Hay una corriente humana mucho más joven y pobre que nosotros, con una vida más difícil, para los que somos un polo de atracción. Y al mismo tiempo los necesitamos. La solución teórica es acabar con el gradiente, que puedan desarrollarse en casa y no tengan que venir aquí, pero eso resuelve una parte del problema; no la otra: nosotros mismos. Tenemos que combinar mayores tasas de fertilidad con una mayor tasa de desarrollo en origen y para eso hacen falta al menos un par de generaciones.
«Siempre ha sido así: quien domina la tecnología impone las relaciones de poder»
La defensa es otro shock para Europa.
De repente percibimos que tenemos un problema de seguridad y defensa y nos damos cuenta de eso por dos razones. La primera es que la amenaza existencial que representa Rusia ha puesto claramente de manifiesto que ahora tenemos un enemigo. Y la segunda es que el amigo protector, Estados Unidos, parece que ya no es ni tan amigo ni tan protector. Nos hemos dado cuenta de que somos un protectorado militar de Estados Unidos. El que nos protege nos dice que se ha cansado de hacerlo, que como mínimo vamos a tener que pagar por su protección. Y quizá a lo mejor ni siquiera le interesa porque tiene que dedicar sus recursos a otros frentes, como el Indo-Pacífico. Tenemos que ver si somos capaces de independizarnos y de tener nuestras propias capacidades defensivas o si nos convertimos en vasallos felices.
¿Qué es más inteligente, más práctico en el corto o medio plazo?
Va por zonas. Francia desde los tiempos de De Gaulle ha dejado claro que no quiere ser un vasallo. Quiere ser independiente de Estados Unidos. De Gaulle ya lo decía: algún día los americanos se irán de Europa y entonces nos encontraremos solos y tendremos que responder con nuestras propias capacidades. Francia siempre ha hablado de la autonomía estratégica. Otros, los del Este, que tienen el enemigo más cerca y lo han sufrido —los bálticos son el prototipo—, no creen que podamos construir esta capacidad autónoma. Sustituir la protección militar americana es la tarea de una generación; no se puede hacer en un ciclo presupuestario o dos. Y, en caso de querer hacerlo, habría que decidir cómo. ¿Reforzando la utopía del ejército europeo? Todo el mundo entiende que sería más económico tener un solo ejército que veintisiete. A corto plazo, eso no es una solución, porque el ejército es la última expresión de la soberanía, de la independencia nacional. Además, tener un solo ejército plantea otra cuestión: cuál es la estructura de mando y control. La única solución a corto plazo es hacer que los ejércitos sean interoperables: cada uno tiene el suyo, pero todos pueden trabajar juntos. Eso es lo que hace la OTAN.
¿Cuál cree usted que debe ser la aportación española a la OTAN?
El 5% es una imposición arbitraria de Trump que no tiene ningún sustento lógico. Tú te has comprometido con la OTAN a aportar unas ciertas capacidades; si estas te cuestan el 5% o el 2% es tu problema. Tienes que poner a disposición de la OTAN tus capacidades militares. Aportar no quiere decir tenerlos en el cuartel esperando, sino hacerlos interoperables con otros ejércitos. No tiene mucho sentido exigir que a todo el mundo le cueste lo mismo. Hungría, por ejemplo, no tiene mar y por lo tanto tampoco armada; le cuesta menos. Hay que garantizar la aportación a la OTAN. España dice que con el 2% lo puede hacer; a mí me parece escaso, pero el 5% me resulta excesivo.
«El invierno demográfico es uno de los grandes shocks a los que se enfrenta Europa»
¿Puede aún Europa ayudar a Ucrania a vencer a Rusia?
La ayudamos más que Estados Unidos. Trump dice que ellos han aportado 300.000 millones y nosotros 100.000. Es falso. El total de ayuda civil y militar europea a Ucrania es superior a la de Estados Unidos. Sin nuestra ayuda no podrían seguir y sin la americana tampoco. El problema es saber si nosotros podemos sustituir la americana. De alguna manera, esa cuestión ya se plantea, porque Trump nos dice que compremos, que él no da. Hasta ahora, la ayuda americana era una donación. Es un cambio radical. ¿Quiere decir eso que los europeos podemos pagar a Estados Unidos lo mismo que Estados Unidos daba a Ucrania? Está por ver si los europeos quieren sustituir la ayuda militar norteamericana a Ucrania pagando por ello.
Europa impulsaba el Pacto Verde al mismo tiempo que le compraba gas a un dictador. ¿Cómo opina del paso del Green Deal al Clean Industrial Deal?
Von der Layen hizo del Pacto Verde y de la transformación digital los dos ejes. Dijo que el Pacto Verde es en sí mismo una estrategia de desarrollo industrial. Ahora, el discurso es que las exigencias de ese pacto limitan la competitividad. Es decir, ya no es un instrumento de desarrollo industrial, porque es una restricción que limita la competitividad, por lo que hay que bajar los límites, las exigencias. De ahí todas esas leyes ómnibus de desregulación. Algunos sectores temen que vayamos tan lejos en la desregulación que retrocedamos en las exigencias que habíamos planteado.
Y usted, ¿cree que los objetivos medioambientales que se firmaron en París están cada vez más lejos de cumplirse?
Veo que el consumo de energía carbonada sigue subiendo. Hay una gran expansión de las renovables, pero eso no hace que disminuya la producción de energía sobre fuentes carbonadas. Aumenta porque hay una gran demanda de energía. No estamos reduciendo las emisiones globales. Aunque suprimiéramos mañana todas las emisiones de CO2 con origen en Europa, el problema seguirá siendo el mismo. La discusión se plantea el términos de «ustedes transfieren fuera la generación de emisiones; producen fuera y consumen dentro». Habría que ver no tanto las emisiones producidas por área geográfica, sino las emisiones consumidas; es decir cuánta emisión se produce para satisfacer la demanda. Lo importante no es el flujo actual, sino el stock acumulado. Europa está reduciendo sus ambiciones no estrictamente en términos de emisiones, sino de todas las regulaciones.
Hablemos de Gaza. Más de dos años después y pese al acuerdo de paz alcanzado entre Estados Unidos e Israel, la situación parece de lo más inestable.
Primero, no es un acuerdo de paz, porque la paz la hacen los que están en guerra y ese acuerdo lo han hecho Netanyahu y Trump, que no están en guerra. Como mucho es un alto el fuego y ni eso, porque desde que se acordó ha habido casi 300 muertos en el lado palestino. Más que el acuerdo, la cuestión es el voto en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde Rusia y China se han abstenido, porque saben que de momento no hay nada mejor y no pueden oponerse, y los europeos hemos seguido la propuesta de Trump. Europa tiene poca influencia política, porque estamos divididos: unos países diciendo que lo que está haciendo Israel es un genocidio y otros dándole armas para que continúe haciéndolo. Europa no ha tenido ninguna influencia. Quien la ha tenido ha sido Trump. El problema es quién es Europa, con quién se sientan. ¿Con la presidente de la Comisión? No tiene competencias en política exterior. ¿Con el presidente del Consejo? Representa a un consejo que está dividido.
«Las coaliciones entre democristianos y socialdemócratas son posibles en Alemania. En España, no»
Usted estuvo 14 años en altos cargos del gobierno español, ¿cómo ve la situación política en España?
Extraordinariamente polarizada. El sistema democrático se esteriliza en sí mismo en la medida en que no hay un debate en las Cortes que permita identificar propuestas; es todo un barrizal de insultos y griterío. Cuando la oposición dice que no a todo sistemáticamente y el gobierno tampoco es capaz ni siquiera de proponer un presupuesto —no ya de aprobarlo—, el sistema democrático está paralizado. Los presupuestos se tienen que presentar. Por una parte, hay previsiones constitucionales que no se cumplen y, por otra, hay una oposición que parece que su única arma es el desprestigio del contrario. El Partido Popular y Vox tienen una parte muy importante de la responsabilidad, porque la degradación del debate político no conduce a nada.
¿Envidia las coaliciones de gobierno entre democristianos y socialdemócratas que se dan en Alemania?
Eso es posible en Alemania, no aquí. Al gran partido que fue de centro-derecha le ha salido un competidor a su derecha y su única solución, parece ser, es gobernar con él, porque no tiene una mayoría absoluta. Por el otro lado, parece que la única solución [del Gobierno] es gobernar con pequeños partidos a la izquierda más los independentistas, que son unos socios por definición improbables, que dicen que no les importa la gobernabilidad de España. Esa polarización de las opciones es lo que caracteriza una política española muy bipolar. Quizás a todos nos asuste un gobierno de PP más Vox, pero la experiencia de un Gobierno que depende de los independentistas y de pequeños partidos a su izquierda, tampoco parece que sea una solución muy eficiente. Un gobierno que no es capaz de aprobar los presupuestos tiene una falla de base.
Le Makhzen est désormais enferré dans son propre piège. En voulant imposer son léger et mensonger plan d’autonomie, ne tenant que sur quatre risibles feuillets, il se voit aujourd’hui contraint d’en fournir les détails, ce qui lui est techniquement, politiquement et légalement impossible.
Rabat n’a toujours pas présenté son nouveau et mort-né plan d’autonomie pour le Sahara occidental. Deux mois après la réunion du 10 novembre 2025 au sommet de l’État, censée sceller une proposition définitive, le document reste inexistant. Ce silence n’est pas un simple retard administratif. Il devient l’aveu d’une impasse stratégique du Makhzen, incapable de transformer une promesse diplomatique en projet politique crédible. Le Makhzen, copiant sa politique du fait accompli sur ses maitres israéliens, a joué la carte du temps.
Mal lui en prit. Le conseil de sécurité le somme aujourd’hui de détailler son plan d’autonomie. Or, sa propre nature féodal l’en rend incapable. Ce qui met à nu dans le même temps l’ampleur de ses mensonges et de ses manœuvres dilatoires. Il est vrai, en effet, que le droit international est pleinement du côté du peuple sahraoui. Nulle solution (légale, et mutuellement acceptable) n’est dès lors envisageable en dehors d’un référendum d’autodétermination.
La résolution 2797 du Conseil de sécurité, adoptée le 31 octobre 2025 sous pilotage américain, a placé le royaume face à une exigence qu’il redoutait : une autonomie « véritable ». Autrement dit, autre chose qu’un slogan recyclé depuis 2007 et servi mécaniquement aux capitales occidentales. Une autonomie réelle implique un transfert de pouvoir, une légitimité politique locale, un contrôle des ressources et, surtout, une rupture avec la gestion coloniale du territoire. C’est précisément ce que Rabat refuse. D’où l’enlisement.
Le pouvoir colonial marocain sait qu’aller au bout de cette logique ouvrirait une boîte de Pandore. Une autonomie authentique au Sahara occidental ferait immédiatement sauter le verrou du Rif, des régions marginalisées, des territoires tenus par la coercition plus que par le consentement. Le Makhzen gouverne par la centralisation autoritaire. Pas par le partage du pouvoir. Le plan d’autonomie est donc condamné à rester flou, ambigu, et volontairement incomplet.
La régionalisation avancée de 2011, souvent brandie comme preuve de bonne foi, n’a été qu’un maquillage institutionnel. Aucun pouvoir stratégique n’a quitté le palais, aucun choix structurant n’a été confié aux populations locales. Dans les territoires sahraouis occupés, l’administration reste verticale, sécuritaire et extractive. Parler d’autonomie dans ces conditions relève de la pure imposture politique.
À cette faillite interne s’ajoute une manœuvre internationale d’une brutalité assumée. Les États-Unis ont décidé de neutraliser l’ONU et de vider la Minurso de sa substance. Les coupes budgétaires, les licenciements ciblés et l’effacement progressif du référendum d’autodétermination ne sont pas des dommages collatéraux, mais une stratégie délibérée. Washington ne veut plus d’un cadre multilatéral, trop contraignant, trop juridique, trop protecteur du droit du peuple sahraoui.
La résolution 2797 entérine ce basculement. Le référendum, cœur du mandat onusien depuis plus de trente ans, est purement et simplement évacué. Un rapport de force se substitue au droit international. La Minurso, déjà réduite à un rôle d’observateur impuissant, est désormais poussée vers la sortie. Le nouvel ambassadeur américain à Rabat n’a même pas pris la peine de dissimuler cette intention, évoquant un départ anticipé de la mission onusienne.
Ce qui se dessine n’est pas une solution, mais un passage en force. Steve Witkoff et Massad Boulos assument la mission de transformer un conflit de décolonisation en simple dossier diplomatique, négocié entre capitales, loin des Sahraouis. La présence annoncée de Jared Kushner parachève le cynisme de l’opération : le traitement du Sahara occidental comme une monnaie d’échange dans la continuité des accords d’Abraham, au même titre que d’autres causes sacrifiées sur l’autel des intérêts américains et de l’entité israélienne.
Le discours marocain sur la négociation directe n’est qu’une diversion. Il ne vise pas à résoudre le conflit, mais à diluer les responsabilités, à contourner le droit international et à imposer un fait accompli sous parapluie américain. Le peuple sahraoui, encore une fois, est exclu de son propre destin.
Il faut donc nommer les choses. Ce qui se joue aujourd’hui n’est pas une négociation, mais une tentative de liquidation politique de la question sahraouie. Ce n’est pas une recherche de paix, mais une normalisation de l’occupation. Tant que le référendum restera enterré, tant que l’autonomie restera un mot creux, et tant que Washington continuera d’agir comme avocat du diable et du Makhzen, le Sahara occidental restera un territoire occupé et un symbole criant de l’effondrement du droit international. A méditer…
Le président israélien avec son valet Mohamed Ben Zayed. D. R.
Par Abdelkader S. – De nouvelles révélations jettent une lumière crue sur la nature de la coopération sécuritaire entre les Emirats arabes unis et Israël, mettant en cause le rôle d’Abou Dhabi dans des opérations d’espionnage visant la bande de Gaza et le Qatar. Selon des documents confidentiels attribués aux services de renseignement émiratis, cette collaboration va bien au-delà d’un simple échange d’informations et s’inscrit dans une logique d’alignement stratégique assumé sur les priorités sécuritaires israéliennes.
D’après ces documents, relayés par plusieurs sources médiatiques arabes, les services de renseignement des Emirats ont travaillé en étroite coordination avec le Mossad, y compris pour mener des missions de surveillance et de collecte de renseignements à Gaza et au Qatar. Plus troublant encore, ces opérations ont été exécutées sur la base d’instructions directes émanant du Premier ministre israélien, Benyamin Netanyahou, assorties de délais stricts et de moyens techniques fournis par Israël.
Le ton employé dans ces directives suscite une vive controverse. Les documents évoquent des ordres formulés dans un langage jugé condescendant, voire humiliant, par certains responsables émiratis eux-mêmes. Cette attitude, décrite comme autoritaire et dénuée de toute considération pour un partenariat d’égal à égal, révèle un déséquilibre manifeste dans la relation entre les deux parties. Israël a notamment exigé une intensification drastique des activités de renseignement émiraties au Qatar, avec une multiplication par cinq des équipes déployées, considérant Doha comme un acteur sensible en raison de son soutien politique au Hamas.
Ces révélations confirment le bradage par Mohamed Ben Zayed de la souveraineté décisionnelle des Emirats et les conséquences de son allégeance à Israël. Le fait qu’un Etat arabe accepte d’exécuter des ordres sécuritaires dictés de l’extérieur, dans un contexte régional déjà marqué par de fortes tensions, accentue les critiques à l’encontre de la politique étrangère d’Abou Dhabi et confirme les appréhensions de l’Algérie au sujet du comportement hostile de cette monarchie du Golfe. Plusieurs observateurs y voient une dérive inquiétante, où les considérations stratégiques prennent le pas sur les principes de solidarité régionale et de respect du droit des peuples, en particulier celui des Palestiniens.
Il convient de rappeler que les relations entre les Emirats arabes unis et Israël ne datent pas de la normalisation officielle de 2020. Pendant des années, des contacts discrets et des accords sécuritaires non déclarés ont préparé le terrain à un partenariat désormais assumé. La signature des accords de normalisation a marqué un tournant, ouvrant la voie à une coopération élargie dans les domaines sécuritaire, militaire et technologique.
Cependant, les fuites récentes révèlent une facette plus sombre de cette alliance, à savoir une implication directe dans des opérations d’espionnage contre Gaza, territoire déjà soumis à un blocus sévère, et contre le Qatar, un Etat arabe souverain. Elles confirment également l’intensification des relations sécuritaires entre Tel-Aviv et certaines capitales arabes, au détriment de la transparence et de la confiance régionale.
Ces révélations ne feront qu’aggraver la perception négative des Emirats dans l’opinion publique arabe, en renforçant l’idée d’une soumission totale au régime nazi de Tel-Aviv. Elles posent aussi la question du coût politique et moral de cette coopération, dont les conséquences dépassent largement le cadre du renseignement.
GINEBRA – Expertos de las Naciones Unidas* condenaron hoy firmemente la acción militar a gran escala llevada a cabo por los Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, el bombardeo de Caracas y otras ciudades, así como el secuestro forzoso del presidente Nicolás Maduro y su mujer.
«Estas acciones representan una grave, manifiesta y deliberada violación de los principios más fundamentales del derecho internacional, establecen un precedente peligroso y corren el riesgo de desestabilizar toda la región y el mundo», afirmaron los expertos.
Destacaron que el uso no provocado de la fuerza armada sobre el territorio soberano de Venezuela constituye una clara violación del Artículo 2(4) de la Carta de la ONU, que prohíbe inequívocamente la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. También podría constituir el crimen internacional de agresión atribuible a los líderes políticos y militares involucrados.
Se informó que estas acciones provocaron la pérdida de un número desconocido de vidas. Estas acciones se ven además agravadas por el conjunto de medidas coercitivas unilaterales previas contra Venezuela, que incluyen un bloqueo naval y la incautación armada de petroleros, así como el asesinato extrajudicial de al menos 115 civiles presuntamente vinculados al narcotráfico. “Todas estas medidas son contrarias al derecho internacional y al derecho humanitario, incluido el derecho no derogable a la vida”, dijeron.
Los expertos de la ONU señalaron que, según el derecho internacional consuetudinario, los jefes de Estado en funciones son inmunes a la jurisdicción penal de tribunales extranjeros, aunque no de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, mientras estén en el cargo. Este es un principio afirmado por la Corte Internacional de Justicia en su fallo de «Orden de Arresto» de 2002, y es aplicable independientemente del reconocimiento diplomático o consideraciones políticas.
«Este ataque sin precedentes contra Venezuela no debe verse como un incidente aislado, sino como parte de un patrón más amplio y profundamente preocupante de desconsideración sistemática por la paz, el derecho internacional y las instituciones multilaterales», afirmaron los expertos. «Este retorno a la diplomacia basada en la fuerza incluye repetidos actos de agresión militar, incluidos asesinatos extrajudiciales y diplomacia coercitiva, la imposición de sanciones contra jueces y fiscales de la Corte Penal Internacional y de un Relator Especial de la ONU por el trabajo realizado bajo un mandato confiado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.»
«Tomadas en conjunto, estas prácticas señalan un desafío deliberado al orden legal internacional y al principio mismo de que el poder debe estar limitado por la ley», dijeron. «Si se toleran, tales acciones normalizarían la anarquía en las relaciones internacionales y deteriorarían gravemente el orden global.»
Los expertos expresaron gran preocupación por las declaraciones públicas posteriores del presidente de los Estados Unidos, en las que afirmó que EE. UU. «gobernará el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y prudente» y que «vamos a sacar una tremenda cantidad de riqueza del suelo.»
Advirtieron que tales declaraciones equivalen a un flagrante desprecio por el derecho de los pueblos a la autodeterminación y su soberanía sobre los recursos naturales, pilares del derecho internacional de los derechos humanos consagrados en el Artículo 1 del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, del cual los Estados Unidos son parte desde 1992.
«Los vastos recursos naturales de Venezuela, incluidos los mayores reservas probadas de petróleo del mundo, no deben ser explotados cínicamente a través de pretextos disfrazados para legitimar la agresión militar, la ocupación extranjera o estrategias de cambio de régimen», dijeron los expertos. «La comunidad internacional, incluidos los Estados y las empresas, tiene la responsabilidad fundamental de abstenerse de ser cómplices en cualquier estrategia imperial que viole los derechos humanos y los principios de no intervención y autodeterminación.»
Los expertos señalaron que, si bien América Latina lleva las cicatrices históricas de muchas intervenciones coloniales e imperialistas, también encarna una larga tradición de lucha por la resistencia y la emancipación.
«El futuro de Venezuela debe ser determinado por el pueblo venezolano únicamente, en plena soberanía, a través del diálogo y la rendición de cuentas, asegurando la participación significativa e igualitaria de las mujeres en todos los procesos de toma de decisiones y adhiriendo plenamente a los principios de gobernanza democrática, respeto por los derechos humanos, independencia judicial y espacio cívico», afirmaron. «Esto debe llevarse a cabo libre de coerción externa, fuerza militar o estrangulamiento económico.»
«Instamos a los Estados miembros de las Naciones Unidas a condenar la agresión de los Estados Unidos y a actuar de manera decisiva para detener todas las acciones contrarias al derecho internacional», dijeron los expertos.
«Mantener el derecho internacional es un imperativo para la supervivencia de un orden internacional democrático y equitativo basado en el estado de derecho», concluyeron.
Los Relatores Especiales, Expertos Independientes y Grupos de Trabajo son expertos en derechos humanos independientes designados por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Juntos, estos expertos se conocen como los Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos. Los expertos de los Procedimientos Especiales trabajan de manera voluntaria; no son personal de la ONU y no reciben salario por su trabajo. Mientras que la Oficina de Derechos Humanos de la ONU actúa como secretaría de los Procedimientos Especiales, los expertos sirven en su capacidad individual y son independientes de cualquier gobierno u organización, incluyendo la OACNUDH y la ONU. Cualquier opinión o punto de vista expresado es únicamente responsabilidad del autor y no representa necesariamente la postura de la ONU ni de la OACNUDH.
Siga las noticias relacionadas con los expertos independientes en derechos humanos de la ONU en X: @UN_SPExperts.
El régimen cubano es un sobreviviente. El denominado “Período Especial” con la disolución del Bloque del Este, fue una severa prueba tanto al liderazgo cubano y especialmente al pueblo. Fidel Castro, un hábil estratega, buscó una salida al problema y encontró en Venezuela, la “tabla” de salvación con la instalación de un gobierno afín. Problemas de gestión interna, el dogmatismo ideológico y el endurecimiento de las sanciones impuestas por la segunda presidencia de Donald Trump, colocaron al país en una situación precaria. La salida de Maduro del poder en Venezuela – algo que la inteligencia cubana estaba seguramente al tanto – se traduciría en una mayor asfixia económica, mecanismo por el cual aparentemente Washington busca el final de la “Revolución”. Al parecer eso no es tan sencillo y no debe subestimarse la capacidad de resiliencia de la “nomenklatura” y sociedad cubana.
Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro
Especial para LA POLIS. Desde Buenos Aires
El 3 de enero de 2026, el mundo habló como fuerzas especiales estadounidenses capturaban al presidente venezolano Nicolás Maduro, donde al parecer murieron una treintena de militares cubanos que formaban parte de su dispositivo de seguridad. Esto fue hábilmente empleado por el presidente Miguel Díaz – Canel de Cuba para movilizar a la sociedad, en el marco de una severa crisis socio económico y mantener viva la narrativa del régimen. No es la primera vez que Cuba y Estados Unidos se ven enfrentados abiertamente en unos terceros países, pero destacándose que siempre La Habana identificó “líneas rojas” y hasta donde llegar con Washington.
Las acciones sobre Venezuela, pusieron los ojos sobre La Habana y en muchos medios, creyeron que la ira de Washington se descargaría en Cuba. Las declaraciones con fecha del 4 de enero de 2025, del presidente Donald Trump ante la prensa estadounidense señaló “está a punto de caer” por la crisis económica, pero dejó en claro que no habría intervención directa: “No creo que necesitemos ninguna acción”. El Secretario de Estado, Marco Rubio, evitó entrar en mayores detalles sobre posiblemente acciones estadounidenses sobre Cuba. Desde el discurso, la Casa Blanca busca mantener alineados al gobierno de Trump la influyente comunidad cubana exiliada en Estados Unidos, destacándose el caso de Rubio, que es hijo de exiliados cubanos.
La fuerte presencia de la inteligencia cubana en Venezuela, sin ninguna duda le dio al régimen de La Habana un adecuado cuadro de situación sobre Maduro. Años de conspiraciones, Guerra Fría, intentos de asesinato de Fidel Castro, misiones “internacionalistas” y el apoyo a movimientos políticos en América Latina y fuera de ella, permitió al régimen construir en seis décadas una sólida comunidad de inteligencia, incluso en los mismos Estados Unidos. Más allá del discurso de solidaridad frente a los hechos consumados en la fatídica madrugada del 3 de enero en Caracas y la salida abrupta del presidente venezolano del poder, la preocupación del liderazgo cubano pasa por el acceso al petróleo venezolano que alimenta las plantas de energía cubanas. El país vive horas sin energía, con constantes apagones, que generan descontento social, provocando movilizaciones, aunque rápidamente neutralizadas por el eficaz sistema policial cubano. ¿El régimen tendrá una estrategia de salida como en otras situaciones críticas? La alianza con Caracas tenía sus matices, como quedó reflejado el papel de Cuba en la crisis del Esequibo con Guyana entre los años 2023-2024, donde La Habana, mantuvo su neutralidad, dado que tiene sus intereses con los países del Caribe angloparlante y Guyana, país en conflicto con Venezuela por el citado espacio territorial.
Ya quisiera Europa tener un grupo de expertas (ocho chicas y dos chicos) como este para resolver sus problemas y salir de la parálisis. Daríamos cualquier cosa por saber lo que se cuece ahí, en el centro de la foto, entre lazos rojos y pensamientos en ebullición, sobre una alfombra bubishera. Nada malo, seguro; algo bueno, con más seguridad aún. Algo bello y nuevo, una criatura que aún balbucea. Pero ese balbuceo es una promesa de futuro. No hay sonido en una foto, pero se presiente, se intuye: ¿Lo hacemos? Y desde aquí les animamos: ¡Venga! ¡Para eso le dimos alas nuevas al Bubisher, para que lo hagáis, sea lo que sea!
Jean-Luc Mélenchon a-t-il perdu le contrôle sur son parti ? D. R.
Par Mohamed K. – Le malaise s’installe au sein de La France insoumise (LFI), le parti de Jean-Luc Mélenchon, après une série de prises de position controversées de certains de ses membres sur des dossiers géopolitiques sensibles. En l’espace de quelques semaines, deux affaires distinctes ont ravivé les interrogations sur la cohérence de la ligne internationale du mouvement et sur sa relation avec une partie de son électorat issu des diasporas maghrébines.
La première polémique est née du soutien exprimé par la militante palestinienne Rima Hassan au régime colonialiste marocain dans le dossier du Sahara Occidental. Un positionnement perçu comme contradictoire avec la tradition tiers-mondiste et anticolonialiste revendiquée par le mouvement mélenchoniste, historiquement favorable au droit des peuples à disposer d’eux-mêmes et, sur ce dossier précis, souvent critique de Rabat. Ce soutien a surpris jusque dans les rangs du parti, certains y voyant un dérapage isolé, d’autres le symptôme d’une ligne devenue plus floue.
Mais c’est surtout une seconde affaire qui a provoqué une onde de choc plus durable. Sophia Chikirou, candidate LFI à la mairie de Paris, a publiquement apporté son soutien à la secte de Ferhat Mehenni, classée organisation terroriste en Algérie. «Le MAK n’est pas un mouvement terroriste», a argué Sophia Chikirou, s’opposant également à l’éventuelle extradition vers l’Algérie de l’un de ses responsables, Aksel Bellabbaci.
Ces déclarations ont entraîné une rupture nette avec une partie des militants et élus d’origine algérienne. Elue locale en Seine-Saint-Denis et présidente de la Fédération franco-algérienne de consolidation et du renouveau, Karima Khatim a ainsi annoncé quitter LFI. Elle dénonce des propos qu’elle juge «hostiles à l’Algérie» et incompatibles avec une représentation politique responsable.
Dans un message rendu public, elle rappelle que «les Français d’origine algérienne, comme l’ensemble des citoyens aux identités plurielles, aspirent à une représentation politique juste, responsable et respectueuse de leur histoire». Et d’ajouter : «Ils ne doivent plus être convoqués comme argument politique quand cela arrange, puis ignorés quand il s’agit de construire réellement.»
Au-delà des personnes, ces affaires posent une question stratégique à LFI : s’agit-il de prises de position individuelles mal maîtrisées ou d’un choix politique assumé, au risque de froisser une partie de son socle électoral ? Alors que le mouvement se veut porte-voix des luttes internationales et des minorités, la gestion de ces controverses risque de peser durablement sur sa crédibilité et son unité interne.
L’enlèvement de Maduro ravive un long historique d’interventions américaines. D. R.
Par Mohamed K. – Dans un long reportage, le magazine américain Newsweek a mis en lumière les implications de la décision du président américain Donald Trump d’ordonner à des forces d’élite l’arrestation du président vénézuélien Nicolas Maduro, soulignant que cette action ravive un long historique d’interventions américaines ayant conduit au changement de régimes dans plusieurs pays à travers le monde. Le magazine note la contradiction : Trump lui-même avait vivement critiqué ce passé interventionniste dans le passé, avant de le raviver à nouveau au Venezuela.
Newsweek précise que les interventions américaines n’ont pas toujours été justifiées par la volonté de «renverser un dictateur ou un tyran». Bien souvent, elles étaient motivées par des considérations géopolitiques plus larges, notamment la prévention de la propagation du communisme pendant la Guerre froide, comme ce fut le cas au Vietnam ou à Cuba. Le magazine insiste également sur le fait qu’il n’existe pas de liste officielle ou consensuelle au niveau mondial des dirigeants renversés avec le soutien des Etats-Unis, et que la définition de «dictateur» varie selon les régions et peut être manipulée à des fins politiques.
Le reportage revient à 1953, lorsque la CIA, en collaboration avec le Royaume-Uni, a orchestré un coup d’Etat qui a renversé le Premier ministre iranien Mohammad Mossadegh. Newsweek rappelle que Mossadegh n’était pas un dictateur mais un dirigeant élu démocratiquement, et que son erreur aux yeux des puissances étrangères fut la nationalisation de l’industrie pétrolière, auparavant contrôlée par des sociétés britanniques, renforçant ainsi le pouvoir du Shah Mohammad Reza Pahlavi.
Au Guatemala, en juin 1954, un coup d’Etat soutenu par la CIA a renversé le président démocratiquement élu Jacobo Arbenz, dont les politiques de gauche inquiétaient Washington dans le contexte de la Guerre froide. En Irak, Newsweek indique qu’un coup d’Etat en février 1963 contre le gouvernement d’Abdel Karim Qassem a bénéficié du soutien américain, les Etats-Unis craignant ses orientations procommunistes et anti-occidentales.
Le magazine évoque également les tentatives américaines ratées pour renverser Fidel Castro à Cuba avec l’invasion de la baie des Cochons en 1961, l’une des plus célèbres erreurs de la politique étrangère américaine. Au Vietnam du Sud, le dirigeant Ngô Dinh Diệm, initialement soutenu par les Etats-Unis comme rempart contre le communisme, a été renversé et assassiné lors d’un coup d’Etat militaire soutenu par la CIA, comme l’ont montré des documents déclassifiés.
L’histoire se poursuit dans les années 1980 avec le renversement du général Hudson Austin à Grenade en 1983, puis avec le départ de Jean-Claude Duvalier en Haïti après le retrait du soutien américain. A Panama, l’invasion américaine de 1989 a conduit à la chute de Manuel Noriega, ancien allié de Washington, avant sa condamnation et son emprisonnement aux Etats-Unis.
A l’ère moderne, Newsweek rappelle l’invasion de l’Irak en 2003, qui a conduit à la chute de Saddam Hussein, puis le rôle des Etats-Unis et de leurs alliés dans la destitution de Mouammar Kadhafi en Libye en 2011, grâce à un soutien militaire et de renseignement déterminant.
Le magazine conclut en évoquant le dernier épisode de cette histoire, avec l’annonce faite par Trump de l’arrestation de Nicolas Maduro et de son épouse dans le cadre d’une opération nommée «Opération détermination absolue». Trump a affirmé que les Etats-Unis prendraient temporairement en charge la gestion du Venezuela jusqu’à ce qu’un «transfert sûr, stable et réfléchi» du pouvoir soit assuré, relançant ainsi le débat sur les limites et les conséquences des interventions américaines à l’étranger.
Mohammed Harbi, né en 1933, est décédé ce 1er janvier 2026. Hommage à une haute et belle figure de la révolution algérienne. Dirigeant de la Fédération de France du FLN pendant la guerre d’indépendance, il fut ensuite l’analyste lucide de sa confiscation par un pouvoir bureaucratique et militaire.
Mohammed Harbi a été un pionnier dans la déconstruction de l’idéologie officielle véhiculée en Algérie sur l’histoire du pays, et la guerre d’indépendance contre la France. Sa critique, souvent très aiguisée, des pratiques du FLN pendant la guerre, de la constitution d’un appareil bureaucratique s’élevant au dessus de la société et « confisquant » les acquis de cette action anticoloniale ne sont pas passées inaperçues.
L’homme, en effet, a été un dirigeant important de la direction de la Fédération de France du FLN entre 1954 et 1958, puis un conseiller influent dans la délégation du GPRA qui a conduit les négociations avec la France, aboutissant à l’indépendance de l’Algérie en 1962. Mohammed Harbi savait donc de quoi il parlait, de l’intérieur d’un mouvement politique révolutionnaire dont il avait connu tous les rouages et les hommes placés à des postes de responsabilités. Dans les premières années de l’indépendance, avant de subir en 1965 la répression qui suivit le coup d’État de Houari Boumédiène, il fut proche du trotskyste Michel Pablo et des courants autogestionnaires.
Ses premiers livres, dans les années 1970 ont donc été un véritable coup de tonnerre dans le ciel apparemment serein des discours officiels algériens, où « un peuple anonyme et unanime » s’est débarrassé de la présence coloniale française. Dans Aux origines du FLN, paru en 1975, Mohammed Harbi s’est d’abord à attaqué à l’archéologie du nationalisme algérien radical, en mettant en pleine lumière la personnage de Messali Hadj, celui qui avait animé les premières organisations indépendantistes algériennes dès les années 1920-1930, et qui avait été vaincu par le FLN pendant la guerre d’Algérie. Le personnage, a été mis au secret, son nom devenant synonyme de trahison dans l’Algérie indépendante.
Harbi a expliqué les crises du mouvement nationalistes en rapport avec son idéologie populiste, expliqué le rôle de la religion dans la mobilisation politique, au détriment des facteurs de sécularisation, analysé la base sociale de ce mouvement essentiellement « plébéien », c’est-à-dire s’appuyant sur une paysannerie pauvre, déclassée, et une faible élite citadine acculturée. Ce qui donnait cet aspect si composite, hétérogène à ce parti, coupé d’une gauche politique française hostile à cette époque au principe de l’indépendance de l’Algérie.
Mohammed Harbi est allé encore plus loin avec son second ouvrage, Le FLN mirage et réalité, paru en 1980. Racontant l’histoire de la guerre, du côté des Algériens, il a cette fois mis l’accent sur le rôle de la violence dans la construction du FLN et son emprise par la force dans les villes et les campagnes ; raconté la « guerre dans la guerre », c’est-à-dire l’affrontement meurtrier entre le FLN et les militants restés fidèles à Messali Hadj ; et décrit dans le détail toutes les luttes intestines, complots, assassinats et règlements de compte pour la conquête du pouvoir, et après (avec les assassinats de Mohammed Khider en 1967 et Krim Belkacem en 1970).
Ce livre a été un événement considérable dans l’écriture de cette histoire, et ce, dès la fin des années 1970, à un moment où la question algérienne avait disparu des préoccupations des intellectuels français. L’Algérie, devenue indépendante et socialiste, n’intéressait en effet plus grand monde à cette époque. Et il faudra attendre les années 1990 pour que l’histoire de ce pays revienne au premier plan en France, avec la question de l’immigration, de l’Islam en France, et, surtout, la guerre civile algérienne qui éclata à ce moment là. Il a été aussi un antiraciste convaincu, déterminé.
Les livres de Harbi ont été pour moi de véritables « marqueurs », ainsi que pour toute une pour toute une génération d’intellectuels algériens. Grace à lui, se sont développées les écritures de l’histoire des femmes algériennes, en rapport avec les combats citoyens pour l’égalité ; il a insisté sur la nécessité de procéder à la déconstructions des mythes fondateurs de l’histoire algérienne, pour parvenir à une « sécularisation » de l’histoire de ce pays.
Dans un colloque qui s’est déroulé à Oran, en hommage à ses travaux, en 2008, j’ai expliqué en quoi le travail le travail de M. Harbi m’avait ouvert la voie dans l’écriture d’une biographie de Messali Hadj dans les années 1970. D’autres intervenants ont souligné comment les analyses de M. Harbi avaient servi à comprendre les crises actuelles en Algérie, toujours en quête de légitimité historique. La tenue de ce colloque autour de Mohammed Harbi, dont les livres ont été interdits pendant plus de vingt ans en Algérie, avait été évidemment un événement considérable.
Et s’il reste bien aujourd’hui du chemin à faire dans ce pays dans le domaine de l’histoire, il n’en demeure pas moins que les choses ont avancé grâce à Mohammed Harbi. Il a été un éveilleur irremplaçable dans la connaissance de l’histoire de l’Algérie contemporaine.
Par Mrizek Sahraoui – Jusqu’ici, on disait que le monde allait mal ; là, il s’effondre littéralement. Les Etats-Unis ont, comme dans le cinéma hollywoodien mais, cette fois, en direct à la télévision, attaqué un pays souverain et kidnappé son président dans l’impunité totale. Une forfaiture et un rapt effectués en totale violation du droit international, qui n’ont suscité aucune condamnation de la part des nations censées peser sur l’allié de toujours, l’Angleterre, l’Allemagne, la France, pour ne citer que ces larbins féroces.
Non seulement ils ne condamnent pas l’acte de guerre commis contre le Venezuela, le viol de la charte des Nations unies et l’éminente spoliation des richesses d’un pays souverain, mais certains s’en réjouissent avec un cynisme d’une obscénité sans commune mesure. A l’instar du président Macron, chef de file d’un régime qui soûle le monde avec sa logorrhée diarrhéique sur les valeurs occidentales, universelles et les droits de l’Homme, tout en pratiquant avec zèle la plus perfide des servilités envers le parrain américain.
Archétype du double langage, Emmanuel Macron incarne la lâcheté et la schizophrénie diplomatique. Il est un grand ordonnateur moral sur la scène internationale, mais un petit vassal des Etats-Unis dans l’ombre. Cette duplicité n’est pas une simple faute, s’accordent à dire les partis d’opposition et les observateurs, mais le fondement même d’un régime qui, depuis 2017, a érigé le double jeu et la trahison de ses propres principes en doctrine d’Etat.
Trahison des principes et des valeurs qui contraste avec la position de la France prise le 7 mars 2003, lorsque Dominique de Villepin avait dit haut et fort non à la guerre en Irak. Le même Dominique de Villepin qui a fermement condamné, ce dimanche, «la faillite et la banqueroute morale» d’Emmanuel Macron, fustigeant au passage une réaction «aveugle, inconsciente des réalités, irresponsable en ce qui concerne l’avenir de notre pays et de l’Europe».
On s’aperçoit finalement que sous la présidence Macron, la France n’a plus de boussole, mais seulement un parrain – deux parrains, pour être exact : les Etats-Unis et Israël, dont le chef-boucher a commis un génocide à Gaza sans que la France ait eu à bouger le petit doigt. Ainsi, pour condamner l’opération spéciale russe en Ukraine, Emmanuel Macron brandit le droit international ; ce même droit international qu’il vient de piétiner au Venezuela.
Seulement voilà, Donald Trump ne compte pas se limiter au Venezuela, voire aux pays d’Amérique latine réfractaires à sa politique impérialiste. Il lorgne désormais le Groenland, qu’il entend prendre de gré ou de force. Qu’inventera encore Emmanuel Macron quand le drapeau américain sera planté dans ce territoire européen ? Réponse : une énième acrobatie verbale.